lueta de Tatiana, desdibujada. Lo único que se resaltaba era su rostro pálido, que me decía: No temas, siempre he estado contigo. Legué a casa jadeando y muerto de miedo, y me di cuenta que adentro del bolsillo de mi gabán había una esquela: Gracias por lo de anoche, solamente me faltó el beso de despedida. Con mucho afecto: Tatiana