simplemente venían a comer o a dormir unas horas antes de seguir sus jornadas, tarefeando o haciendo changas diarias. Cuando don Ernesto ya no pudo seguir ayudando a los niños de la colonia porque la artritis no se lo permitía, se estaba poniendo muy triste. Los vecinos pensaban que iba a morir pronto de tanta tristeza. Uno de esos días en los que no se podía mover, don Ernesto estaba en su viejo sillón mirando por la ventana el ir y venir el largo camino cuando de pronto divisó a un chico que le saludaba desde el otro lado del portón. Don Ernesto le hizo seña de que entrara, el jovencito no quiso entrar, posiblemente porque no quería molestar, sin embargo, saltó la reja del jardín y colgó en su limonero una notita escrita por él, volvió a saludar agitando su mano a don Ernesto y luego siguió su camino. Ese día, don Ernesto se sentía muy mal, su rodilla le molestaba mucho, así que no podía levantarse del sillón para buscar la nota, una lágrima de impotencia le rodó por su arrugada mejilla. Al rato, llegó una de sus vecinas, para acompañarle y ayudarle un poco con los quehaceres de la casa. Señora Elena, por favor, ¿Me puede alcanzar esa cartita que está colgado en el limonero?, le dijo don Ernesto a su vecina. Elena con mucho gusto se la trajo, y hasta se la leyó: Señor Ernesto, espero que su rodilla no le duela mucho, mi papá me contó de su dolencia, ya que le estoy ayudando en la tarefa, es divertido, pero al poco tiempo, me canso. Este año la Navidad vamos a pasar solitos y mi mamá me dijo que no esperara regalos, con lo que quiero un barrilete de muchos colores. Me dijeron que usted es amigo de Papá Noel, ¿Le puede estregar esta carta? Espero que se mejore pronto. Pablito A don Ernesto se le apareció una sonrisa de lado a lado al escuchar aquellas palabras, pero también una lágrima en los ojos, por no poder hacer nada. Varios días pasaron, don Ernesto pudo volver a caminar y despacito volvió a sus quehaceres y a visitar a sus amigos cercanos, o simplemente se sentaba con ellos frente a los portones a tomar mate. Fue así que un día, estando con otra de sus vecinas le contó la