LAS VIUDAS NEGRAS
Todo comenzó cuando Carlos Delcano despertó totalmente desnudo, mareado y sin recordar cómo había llegado a esa situación. Carlos, un exitoso escritor tenía programado concurrir a Puerto Iguazú en la provincia de Misiones, a un encuentro cultural internacional para presentar su última obra, no salía de su asombro. Al trascurrir los minutos empezaron a aparecer imágenes difusas en su mente: tres mujeres que eran sus amigas, una copa de champán y nada más. Cuando hizo una revisión de la habitación del departamento donde vivía, un coqueto piso con vista al puerto de la ciudad, encontró que uno de las dos valijas que tenía preparado para el viaje estaba roto, no encontraba su reloj Rolex que le faltaba, 5.000 dólares, 150.000 pesos en efectivo que tenía en su billetera, su tarjeta de crédito, su teléfono celular de última generación y las llaves del auto. Había sido el blanco de un ataque de las viudas negras en uno de los barrios más exclusivo de la ciudad. De acuerdo con el relato de Carlos a la policía, Marili su amiga, su novia, su confidente de toda la vida le habría dicho en abril pasado que le encantaría acompañarlo al encuentro de los escritores, pero que le gustaría llevar a dos amigas de la infancia, además de ser sus intimas compañeras de colegio para conocer las cataratas del Iguazú. Él estuvo de acuerdo. Dos semanas antes del viaje, el escritor citó a Marili a su coqueto departamento para planificar el ansiado viaje. Así fue que Marili apareció con sus amigas. Al abrir la puerta, Carlos quedó impresionado de las bellezas de las mujeres que le acompañarían. Te presento a mis amigas, dijo Marilí, ella es Lilian y la rubia es Susane. Encantado, dijo Carlos, dándole un beso en cada mejilla a cada una.