la esencia de un tiempo perdido. Sin embargo, la alegría de don Aniceto no duró mucho. Un día, mientras se preparaba para ir a un cumpleaños para retratar la fiesta, su corazón, debilitado por la tristeza y la soledad, dejó de latir. Don Aniceto murió en su estudio, en silencio, con su cámara en las manos. La noticia de su muerte apenas hizo eco en la ciudad. El barrio Villa Sarita perdió a su último fotógrafo, pero su legado perduró. Sus fotografías, llenas de vida y nostalgia, se convirtieron en un símbolo de la resistencia de la belleza frente al olvido. Hoy día la casa donde vivía don Aniceto con su familia está descuidada, aún se pueden apreciar el hall de la entrada donde exhibía sus obras. Y cada vez que alguien pasa por el lugar, el recuerdo del último fotógrafo revive, recordándonos el poder de la memoria y la importancia de preservar nuestro pasado.
Foto Aniceto: Los pibes del barrio Villa Sarita Esquina de Roque González y Moritán