El colegio Roque González, donde estaban los pupilos, contaba con una quinta de varias hectáreas a orillas de la desembocadura del arroyo Itá, donde actualmente se sitúa la playa El brete de la ciudad de Posadas. Gracias al pupilaje se pudo brindar atención a los jóvenes que difícilmente podrían haber seguido los estudios en los lugares donde vivían. Víctor Manuel Negro Chemes, que actualmente vive en Iguazú con su familia, empresario hotelero, pupilo en el Roque, y parti cipante de esta foto, venido de Eldorado contaba la rutina de ser pupilo:
A las 6 de la mañana sonaban los despertadores, 6.30 era el desayuno y a las 7 a clase hasta el mediodía. De 12 a 13 era tiempo libre, a las 13 almuerzo y 13.30 de vuelta a clases hasta las 16.45, hora de la merienda. A las 17 nuevamente tiempo libre para practicar algún deporte, aprender un instrumento musical o hacer manualidades. A las 20 cena, 20.30 tiempo de rezo en el que debe haber un ambiente calmo en todo el establecimiento, y a las 22 se apagaban las luces. Ésta era la rutina diaria ¡Los sábados a la quinta! Otro de los participantes de esta foto es el Dr. Hugo Orlando Bo gado, Odontólogo, él fue el que rescató esta instantánea de su ar chivo personal. Estábamos de pupilos en el colegio porque queríamos, el pupilaje te da la oportunidad de ser más independiente, más organizado. Aquí se aprendía a tener responsabilidades", apunta el Dr. Hugo.
UN POCO DE HISTORIA DEL PUPILAJE El colegio pupilo es una modalidad que viene de la Edad Media, en donde los alumnos que provenían de otros lugares dormían en las instituciones. Luego, en el siglo XVII, la idea de que se aprende y se duerme en el mismo lugar tuvo que ver mucho con los jesuitas. Se pensaba en un lugar educativo que se diferencie del exterior. Dentro de la escuela se mantiene todo lo bueno para que el alumno lleve la bondad al exterior. También existía la idea de que el exterior corrompía.