correr la ciudad, quizás vaya a las cataratas del Iguazú, por lo tanto necesitaría un guía para conocer con más detalle esa maravilla del mundo. Bien, tomaré su recado, le trasmitiré su inquietud al dueño del hotel y él se encargará personalmente para que su paso por esta ciudad sea inolvidable, le contesta el administrador con mucha amabilidad Al otro día, el doctor Hugo se levantó temprano y se dirigió al restaurante a desayunar. Mientras disfrutaba del café con leche, medialunas y todo lo que se sirve en los desayunos de los hoteles de alta gama se le presenta un hombre elegantemente vestido, más o menos de su misma edad, remera verde, pantalones al tono y una sonrisa cautivadora. Buenos días, ¿Es usted el doctor Hugo Bogado? Si, le dice, a la vez que se pone de pie y extiende la mano para saludarlo, mucho gusto. ¿Con quién tengo el gusto de hablar? Soy Víctor, el dueño del hotel y me dijeron que quería hacer una excursión por la ciudad, además visitar las cataratas. Yo me encargo personalmente de este tipo de pedido, me encanta hacerlo, es más, siempre lo hice, desde mis años jóvenes. Ah, eso le dijeron, creo que no se hubiera molestado, es usted muy amable. ¡Por favor doctor!, me gusta estos desafíos. Voy a buscar la camioneta, usted termine su desayuno y partimos. ¿Qué le parece? ¡Excelente! Mientras terminaba su desayuno Hugo pensó: a este tipo lo conozco de algún lado Al cabo de media hora, terminado el desayuno decidió esperarlo al dueño del Saint George que así se llamaba el hotel en la confortable sala de estar, lujoso, por cierto, estaba muy feliz de este recibimiento y de la excursión que haría a las cataratas, y nada más y nada menos que con el dueño del hotel soy un privilegiado , se dijo a sí mismo. Al llegar el empresario del hotel, que había colocado su camioneta 4x4 en el estacionamiento, y ni bien bajó el tipo le encara directamente: