explicar que la veía muy coqueta, y que le seguía sentando bien la ropa, pese a sus piernas delgadas y un poquito hinchada. Su cuerpo era pequeño y elegante, ese cuerpo que nada tenía que ver con su inteligencia y personalidad, porque la inteligencia de Juanita permanecía intacta, y su curiosidad, y su sentido del humor, y su inmensa cultura confundía a los que la conocían. Hablaba tres lenguas con perfecta claridad y fluidez, entre ellas el francés, y, pese a estar muy impedida de movimientos y con la vista deteriorada, permanecía atenta al acontecer del mundo y a las noticias actuales. Con su anteojo viejo y gastado y con mucha paciencia, leía los diarios y revistas que los vecinos le acercaban de vez en cuando. Le gustaba leer libros de novelas, especialmente las de misterios y policiales, por ejemplo, novelas de Sherlock Holmes. El amigo que me llevó a su casa me había hablado muchas veces de ella: de su fuerza, de su misterio, de su mito. Por él sabía que Juanita peleó y comandó una división de infantería en la Guerra del Chaco, allá por el año 1934. Mi amigo Carlos me contó que Juanita no se llamaba de nacimiento Juanita, sino que era una muchacha de un montón de nombres y apellidos a las espaldas. Cuando la revolución del 47 en el Paraguay echó a su familia y a ella de sus tierras, la joven Juanita emigró junto a los suyos a la provincia de Córdoba, como hicieron muchos connacionales. Pero después, en algún momento del exilio, Juanita tomó posiciones de izquierdas y revolucionaria. Fue entonces cuando rompió con su aristocrática familia, ahí fue cuando cambió su nombre a Juanita. Vivió el golpe de estado intenso de los años sesenta en la ciudad de la Docta, en donde fue líder y musa de conocidos artistas, pintores, músicos y compositores; vino a Posadas en 1970 y se enamoró de la ciudad, como tantos exilados y profesionales liberales de la época, con el frágil sueño de progresar, formar una familia, y radicarse definitivamente en este lugar muy cerca del país dónde nació. Regresó algún tiempo a su Paraguay querido, y formó parte de la resistencia contra la dictadura de aquel entonces, sin éxito alguno. En los años ochenta, fue cuando la conoció a mi amigo Carlos, en