EL ÚLTIMO FOTÓGRAFO DEL BARRIO
Ede historias y personajes vivía don Aniceto, el último fotógrafo del puen el corazón del barrio Villa Sarita donde comenzó a gestarse la vibrante ciudad de la que es hoy Posadas, donde las calles son una torrente blo. Su vivienda que hasta hoy perdura, triste y desdibujada era un oasis de nostalgia en medio de la marea de la modernidad actual. Don Aniceto era un hombre de lentes gastados y manos curtidas por el tiempo, cada arruga en su rostro contaba un sinfín de historias capturadas a través de su lente. Su cámara, una fiel compañera de batallas, era una extensión de su ser, capaz de atrapar la esencia de un instante y convertirlo en un recuerdo eterno. Sin embargo, la ciudad y las costumbres habían cambiado. Las nuevas cámaras fotográficas, inteligentes, impecables y filtros infinitos, habían desplazado a las antiguas cámaras de rollo.
A medida que pasaban los años, vio cómo sus clientes habituales se reducían a nada. Las bodas, los bautizos y los eventos importantes que solía fotografiar ahora eran capturados por amateurs con dispositivos modernos Las fotos ya no eran apreciadas como objetos únicos, sino como imágenes fugaces que se perdían en el mar de la modernidad. Don Aniceto, aferrado a su oficio y a sus recuerdos, observaba con tristeza cómo su arte se desvanecía. Una fría mañana de invierno, mientras una suave neblina cu-