Otro acontecimiento indignante era que avanzaba el remate de las tierras campesinas e indígenas en favor de los terratenientes. Algunos sectores se oponían a todos estos actos dictatoriales y se organizaron para resistir, pero el gobierno al ver estas conductas dictaminó la apodada Ley de Tregua Sindical ésta establecía que los trabajadores que no cumplieran sus funciones para el Partido Colorado podrían ser criminalizados como traidores a la patria El agitado 1947, encontraba a Félix Lalo Cáceres como odontólogo de la Armada Paraguaya, mientras en las calles se libraban batallas campales, los Ministerios se vestían de colorado. Por su negativa a afiliarse al ANR Partido Colorado debió abandonar su puesto, y el país, con su credencial bien escondido y valiéndose de ese papel para esquivar los controles, se exilió hacia la Argentina. El lugar elegido fue primero Resistencia, Chaco, luego El Zapallar, localidad que quedaba a unos 120 km de la capital.
Aquí le deparaba una vida dura. Lejos de su esposa y sin un centavo, se las rebuscó como odontólogo en el Chaco profundo...contando con lo mínimo para su subsistencia, con cortes de energía a cualquier hora, soportando calores infernales e inviernos crudos...sacando muelas por trueque de huevos y gallinas. Es así que rápidamente se integró a la sociedad zapallarense con profundo sentido social colaborando para formar escuelas rurales, escuelas técnicas, banco de sangre del hospital, puestos sanitarios en Salud Pública a quienes apadrinó y promovió junto a otros dirigentes, sin apetencia política ni aprovechamiento de puesto público. Realizó todas estas tareas humanitarias lo que en su país no pudo. En El Zapallar formó su familia cumpliendo con su misión de padre y conductor, referente del pueblo. A todo esto, nunca dejó de pensar en volver al Paraguay, es así que los encuentro con otros expatriados lo mantenía vivo y en esas