Autoayuda
Vamos todos día a día corriendo tras el reloj, sin reparar un instante en la inmensidad de lo simple. El abrazo sincero, la sonrisa de un niño, la tierna mirada de un abuelo observando por la ventana. Somos un puñado de almas que van y vienen sin descanso alguno. Nunca perdamos la esperanza de que todo va a cambiar, la tecnología se adueñó de lo cotidiano. ¿Qué pasaría si todo se apagara? Y nos quedara solo una copa con estrellas la cual al derramarse nos devolviese la paz, dejando solo luz en nuestros corazones, alejando la tristeza. Los vientos de cambio traerán la primavera, con nuevos colores, el trinar de los pájaros con dulces melodías. Somos los encargados de protagonizar lo que queremos vivir, en nosotros está la llave que abre la puerta mágica de la felicidad...
HABÍA UNA VEZ UN MUNDO Había una vez un mundo tan pero tan precioso, que nada le faltaba, los días eran soleados y otros un poco nublados, el viento silbaba al compás de cada sonrisa, ya que la tristeza hacía ya un tiempo había hecho su maleta sin jamás regresar. Nadie se preocupaba por nada, cada cual tenía una tarea real, unos cocinaban manjares deliciosos, otros tantos eran artesanos de alma con una luz sensacional, los más ancianos disfrutaban contando los cuentos con finales felices y así iban dejando en cada corazoncito una huella difícil de olvidar. Ese mundo no era redondo sino cuadrado y en cada uno de sus vértices las estaciones se divertían de una forma inusual , la señora primavera jugaba en los prados cultivando las maravillosas rosas violetas difícil de olvidar , mientras que el otoño un poco ponzoñoso se dedicaba a formar colchones de hojas por aquí y por allá, el señor invierno más seriecito sacaba su bufanda de gala para proteger su garganta ya que cantaba como los dioses y el verano, como no me he de olvidar, disfrutando de las olas se ponía a nadar, para refrescar su carita con el azul mar. Todo era tan maravilloso en ese mundo cuadrado que la gente lloraba, pero de felicidad, no tenían tiempo de ponerse mal. Todo en ese mundo era maravilloso y sensacional... Hoy el mundo, nuestro mundo, es tan difícil de descifrar, corriendo a mil por hora en una carrera sin final...
Valeria Noemi Molina
Autora de “Las flores de mí alma