Literatura
Después de tanto andar, el calor abrazador lo detuvo frente a las cálidas aguas del mar y un océano de ideas empezó a circular por su mente; las arenas de aquella playa quemaban sus pies. Mientras su figura se ocultaba tras esa capa con capucha, para que nadie lo reconociera.
“¿Quién lo reconocería?, ¿Quién sabría de su aventurera partida?” Ya que no había persona alguna, brillaban por su ausencia. Solo él, con su corazón partido en dos, estaban allí. Las ganas de introducirse al mar no le faltaban, esas hermosas aguas cristalinas lo llamaban y tal vez un día cualquiera hallarían su cuerpo inerte en las profundidades del inmenso océano. Pero de repente, sintió un estallido de voces que surcaban los cielos, traídas por el viento, cuchicheándole al oído, reclamando por su presencia. Así, con más fuerza, esas voces desde el otro lado del horizonte, se precipitaban. Para cuando quiso darse cuenta, los peces y toda fauna marina lo saludaban, dándole la bienvenida como el noble que era, de una ciudad perdida.
Graciela Enríquez