Mucho se ha hablado de esta poetisa. Se comentaba en voz baja que había tenido un hijo con un hombre casado, un niño llamado Alejandro que era la luz de sus ojos y que la acompañó siempre. Y muchos creen que se mató por amor. Pero Alfonsina estaba muy enferma, y sufriría enormemente de un terrible cáncer de mama que le provocaba dolores tremendos. Ése era sólo el comienzo de la enfermedad. Y en lo personal, creemos que ella, que por su hijo lo había hecho todo, no quería que el hijo la viera agonizar así. Y lo despidió en un tren en Constitución, y se marchó. Y se fue al mar para no volver… Porque no podía volver. Había luchado tanto, por su poesía, por su hijo, por ella misma, y ahora la enfermedad se la llevaba. Prefirió que se la lleve el mar...
haceres domésticos, porque “la nena está escribiendo”. Sus poemas merecieron el elogio de Rubén Darío, y Caras y Caretas la coloca al nivel tanto de Alfonsina como de Juana de Ibarbourou como de Gabriela Mistral. Pero sus padres la convencieron para que se casara, y ella se casó… y al mes se volvió a su hogar. Porque ella quería escribir, y no ejercer un rol que no le interesaba. Pero continuó viendo a su marido, que le pedía que volviera, quizá también herido en su amor propio y sin entender. Un día la citó en un hotel para verla, la mató de dos disparos y se mató. La prensa se hizo un festín con las fotos de su cuerpo asesinado, acallado al fin, sin poemas. La casa es hoy una verdulería y el piano... nadie sabe dónde está el piano.
El caso de Delmira es diferente. Ella no recorría los círculos literarios, escribía en su casa de Montevideo, y tenía un hermoso piano, sabía varios idiomas y era muy bella. Era hija única de padres que la idolatraban. Tanto que cuando escribía nadie podía hacer el más mínimo ruido, ni siquiera quien hiciera los que-
Alejandra vivía tan intensamente como escribía. Pizarnik tenía una sed vital que la desestabilizó, amores que no la ayudaron y muchas ganas de dar y de escribir. Buscó las respuestas en uno y mil poemas, y quizá allí las encontró, pero no en la vida, con la que terminó definitivamente. ¿Quién habrá amado a Alejandra tan profundamente que hubiera evitado que se fuera? No lo sabremos nunca, tal vez…