By Luciano Budi
El Brillo del Barro — Luciano Budi
Septiembre trajo consigo los primeros vientos cálidos de la primavera y, con ellos, la noticia que don Roque había estado gestionando en secreto durante meses. El Club Atlético San Martín, una de las instituciones más importantes de la provincia con un reconocido trabajo en divisiones formativas, iba a realizar una prueba comunitaria abierta para categorías juveniles en la zona.
La prueba no se realizaría en las lujosas instalaciones del club, sino en un predio municipal intermedio, una estrategia para captar el talento bruto de los barrios más periféricos. Cuando Roque le mostró el panfleto oficial, a Mateo le temblaron las manos. Era la oportunidad con la que había soñado despierto cada noche en su cama de pallets.
Los días previos a la prueba estuvieron cargados de una tensión eléctrica. Todo el barrio se enteró de la noticia, y los vecinos que tantas veces habían visto brillar a Mateo en el potrero se acercaban para darle palabras de aliento. Elena, notablemente recuperada gracias a los medicamentos, le dio su bendición con lágrimas en los ojos. Mateo sabía perfectamente que no era una simple prueba de fútbol; era el partido de su vida.
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