By Luciano Budi
El Brillo del Barro — Luciano Budi
El contrato de juveniles de Mateo incluyó un beneficio fundamental que cambió por completo la realidad de su vida fuera de las canchas: una cobertura médica integral para su familia. Elena fue trasladada a una clínica especializada, donde profesionales de la salud trataron su dolencia pulmonar con los recursos adecuados, devolviéndole la salud de forma paulatina.
Ver a su madre sonreír nuevamente, con un color saludable en sus mejillas y sin la molesta tos que había musicalizado sus peores noches de infancia, fue el verdadero campeonato para Mateo. La humilde casa de chapa de Villa Esperanza fue reforzada gracias a los primeros viáticos que el club le otorgaba por sus rendimientos destacados.
Mateo nunca iba solo a los partidos de los sábados. En la tribuna, en una zona preferencial resguardada del frío y de la lluvia, siempre estaban Elena y el viejo Roque, sentados juntos. El anciano miraba los partidos con los brazos cruzados, asintiendo con la cabeza cada vez que su pupilo habilitaba a un compañero con la precisión de un cirujano.
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