By Luciano Budi
El Brillo del Barro — Luciano Budi
El reloj marcaba los setenta y dos minutos del segundo tiempo cuando el técnico principal se dio la vuelta y lo miró fijamente: 'Entrás vos, Mateo. Jugá como sabés, divertite'. Antes de saltar al campo por el túnel de ingreso, Mateo se agachó por un instante para ajustar los cordones de sus botines profesionales brillantes.
Fue en ese preciso momento cuando notó un pequeño rastro de tierra seca y oscura adherido firmemente a la suela de su calzado nuevo. Sonrió para sus adentros con una paz inmensa. Comprendió con absoluta claridad que no importaba cuán lejos lo llevara la carrera del fútbol, ni cuántos estadios lujosos pisara en el futuro, su mayor fortaleza siempre sería la misma.
Su verdadera potencia radicaba en recordar exactamente de dónde venía: de Villa Esperanza, del frío de las chapas, de la lucha diaria de Elena, de los consejos sabios de don Roque y, sobre todo, de aquel barro primitivo y profundo donde aprendió a brillar ante la adversidad. Entró a la cancha, el árbitro pitó, y Mateo volvió a volar.
FIN
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