By Luciano Budi
El Brillo del Barro — Luciano Budi
El paso del potrero de tierra a las canchas de césped perfecto del Club Atlético San Martín fue un choque cultural inmenso para Mateo. Los primeros días se sintió como un intruso en un palacio. El club le proveyó de indumentaria oficial completa, botines nuevos a estrenar y un plan de alimentación personalizado diseñado por los nutricionistas de la institución.
Al principio, algunos compañeros miraban de reojo su procedencia humilde y su timidez extrema en los vestuarios. Sin embargo, en el fútbol las palabras sobran cuando habla el talento en la cancha. En el primer entrenamiento formal de fútbol reducido, Mateo demostró que la velocidad mental y la técnica que te otorga el potrero no se compran en ninguna academia de élite.
El entrenador de la octava división vio rápidamente en él a un líder futbolístico natural. Mateo no hablaba mucho, pero pedía siempre la pelota en los momentos más complicados del partido, asumiendo la responsabilidad que otros rehuían. Su adaptación fue meteórica, convirtiéndose en el enganche titular del equipo en apenas un mes de competencia oficial.
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