By luz briceño
Nuestra segundo edición de Fabulario 2026. Recoge los sueños, creaciones y producciones artísticas de nuestra comunidad educativa "Reino de Holanda"
Jaime Correa: Al igual que Carlos, mis primeros recuerdos están ligados a la Atari 2600. El que más recuerdo es Pac Man. Pasaba muchas horas jugando en casa con los amigos del barrio.
¿La cultura gamer pertenece principalmente a quienes crecieron con las primeras consolas o sigue teniendo una presencia fuerte entre los jóvenes? Carlos Camargo: Creo que es necesario distinguir entre el jugador tradicional y las nuevas formas de jugar. Si hablamos de comprar un videojuego, encender la consola en la sala de la casa y avanzar por sus mundos, esa experiencia está muy ligada a nuestra generación. Muchos jóvenes se inclinan hoy por los juegos para celular y por los modelos free to play, que se descargan gratuitamente, pero generan ingresos mediante compras dentro del juego. Allí encontramos títulos como Fortnite y Roblox. Diría que la experiencia más tradicional se conserva especialmente entre quienes ya tenemos más de treinta años.
Jaime Correa: Estoy de acuerdo con Carlos. El gamer tradicional suele ser hoy un adulto que conserva la nostalgia de llegar a casa, encender la consola, poner el juego y superar sus distintos mundos. Los jóvenes también disfrutan muchísimo los videojuegos, pero se acercan a ellos desde otras dinámicas. No es lo mismo descargar una aplicación en el celular que sentarse frente a una consola y recorrer una historia completa. Desde mi experiencia como streamer, a veces me preguntan en las transmisiones cuántos años tengo. Les cuento que tengo 47 y que pronto cumpliré 48. Algunos jóvenes se sorprenden y comentan que es interesante que a esa edad, todavía disfrute jugar. Entonces aparecen otros seguidores que dicen tener 35, 38 o 40 años. Eso me permite reconocer que también existe una comunidad adulta que mantiene viva esa tradición gamer.
¿Es posible establecer una relación entre la cultura de los videojuegos y la cultura literaria? Carlos Camargo: Por supuesto. Hay videojuegos que nacen de obras literarias. Un ejemplo es The Witcher, que surgió de una saga de libros y alcanzó un gran éxito como videojuego; posteriormente llegó también a la televisión en formato de serie. Las artes se conectan: la literatura, el cine y los videojuegos se influyen mutuamente. También ocurre el camino inverso. Resident Evil nació como videojuego y después se expandió hacia el cómic, el cine y otras publicaciones. Las historias pueden transformarse y encontrar nuevas formas de expresión. En ese diálogo, el arte permanece y llega a públicos distintos.
Jaime Correa: Están completamente relacionados. Muchos videojuegos se inspiran en libros y novelas, y también hay obras literarias y cinematográficas que nacen a partir de universos creados en los videojuegos. Un ejemplo es Dante's Inferno, inspirado en La divina comedia, de Dante Alighieri. También podemos mencionar Assassin's Creed, una saga que recrea épocas, ciudades y acontecimientos históricos. Mientras jugamos, conocemos personajes, lugares y contextos. Por eso, un videojuego puede despertar curiosidad por la historia y por la literatura. El arte, la narración, el cine y los videojuegos dialogan constantemente.
¿Cuál es ese videojuego al que siempre regresan, ese que pueden jugar una y otra vez sin perder el gusto? Carlos Camargo: Depende del tipo de experiencia. Mario Kart, en sus distintas versiones, es uno de esos juegos a los que siempre puedo regresar porque no tiene un final definitivo: uno puede competir una y otra vez. En cuanto a los juegos centrados en una historia, vuelvo a Resident Evil 3. Lo he terminado unas siete veces, en diferentes plataformas: primero en PlayStation 1, luego en PSP, en PC y también en sus versiones remake. Mario Kart es ideal para jugar un rato, mientras que Resident Evil 3 me permite reencontrarme con una historia que disfruto mucho.
Jaime Correa: No acostumbro repetir muchos juegos. A veces vuelvo a uno para completar todos los logros o alcanzar el cien por ciento de la historia, pero son casos puntuales. Hay uno que conocí hace poco y al que he dedicado muchísimo tiempo: Sons of the Forest. Tenemos una partida pendiente con el profesor Carlos. Es un juego de supervivencia y construcción cuya historia atrapa bastante. Cuando se termina, permite permanecer en ese mundo y construir estructuras, explorar posibilidades y desarrollar la creatividad. Llevo más de 200 horas en su modo creativo, especialmente en la construcción. Me gusta la libertad que ofrece ese mundo abierto.
¿Cuál es el videojuego que más les ha costado terminar, o «rescatar», como decíamos los gamers de antes? Carlos Camargo: A veces uno se frustra y termina abandonando un juego. En mi caso, Final Fantasy VIII fue especialmente difícil. Llegué hasta el jefe final, pero no pude derrotarlo. El juego exige subir de nivel y fortalecer a los personajes para afrontar ese combate. Yo avancé sin prepararme lo suficiente y llegó un momento en el que ya no podía regresar a ciertas partes de la historia. Intenté vencer al jefe unas cincuenta veces y no lo conseguí. Ese ha sido uno de mis mayores desafíos.
Jaime Correa: Para mí, uno de los mayores retos está en los videojuegos del tipo souls, conocidos por sus combates cuerpo a cuerpo y su elevada dificultad. En particular, Sekiro: Shadows Die Twice es un título que todavía no he podido terminar, aunque quisiera hacerlo. Los enfrentamientos con los jefes son muy exigentes. Al igual que le ocurrió a Carlos con Final Fantasy VIII, he