Fundacion Robert y Rosine Lefort replegados en sí mismos” (2019, p. 76). Virgilio Tosco y Elizabeth Burba recuerdan que enseñar música es enseñar a escuchar: “no es sólo tocar, es aprender a escuchar: al instrumento, al otro, y a sí mismo” (Cartas sobre la enseñanza de la música, 1999, p. 22). Este es el marco en el que voy a presentar a Agustín estudiante del secundario de nuestra Escuela Lefort, quien encontró en la ejecución del piano, su voz, su modo de decir, su manera de construir un lazo social. Durante el transcurso de su escolaridad primaria, sorprendía a su entorno cantando en inglés canciones que apenas entendía y acompañaba con pasos de baile, siguiendo incluso las imágenes del proyector demostrando gran entonación y fonética incluso en otro idioma. Su canción favorita, hablaba de “Bonnie” quien era el personaje principal de una popular serie de videojuegos de terror “Five Nights at Freddy’s (FNAF)”, donde un conejo animatrónico forma parte de la banda del restaurante “Freddy Fazbear’s Pizza”. El inglés, con sus fonemas extraños, parecía abrirle un espacio donde el sonido valía por sí mismo, no por el sentido, no por lo que decían las palabras. Con el tiempo, sin embargo, en los actos escolares fue apareciendo una dificultad: comenzó a rechazar las fotos o filmaciones directas y sólo aceptaba participar si podía cubrirse el rostro con lentes oscuros o máscaras. Era un modo de estar presente sin exponerse del todo a las miradas. Todo este proceso fue seguido por su paso a la adolescencia. Cada vez se hizo más alto, se dejó crecer el pelo para tapar sus ojos y su voz se volvió más grave y retraida. El pequeño Agustín enérgico y testarudo que pedía sumar una clave para dejar pasar a las nuevas personas a su aula y colaboraba en la tarea de sus compañeros, se volvió más introvertido y con gustos audiovisuales más herméticos ligados al manga y el animé asiático. Con el tiempo comenzó a acercarse al piano con breves toques improvisados y contextualizados con guitarra o bases instrumentales y comenzó a contar que había iniciado clases particulares del instrumento, mostrando su cuaderno de avances. Eso se tradujo en un interés muy particular durante la dinámica grupal de las clases, ya que volvió a ubicarse como doble del docente, como cuando era niño pero ahora con el lenguaje musical, con el nombre de las notas en el piano, canciones específicas de series animadas y formas de ejecución ya ejercitadas por él y que comparte de forma abierta con los compañeros de la clase de música.