Fundacion Robert y Rosine Lefort hay tres profesiones imposibles: Gobernar, Educar y Analizar, a las que Lacan agrega la de:Hacerse Desear. Entonces, porque enseñar es imposible, el educador no puede retroceder nunca y tiene que ir incansablemente al encuentro de ese imposible por medio de la invención, tomando en cuenta a los sujetos y haciendo de los impasses, de los callejones sin salida que se presentan en la práctica, la palanca que ayude a relanzar el deseo y en particular al interés específico del estudiante autista. Pero toda dimensión educativa necesita del consentimiento del sujeto, lo cual no quiere decir una aceptación masiva sino un tratamiento singular por el cual tiempos y espacios se subjetivizan. Para lo cual, la posición del educador juega un papel fundamental en la aceptación o el rechazo de la oferta que le realiza al estudiante. Si el agente debe causar el consentimiento, tiene que saber que éste nunca es total, siempre tiene condiciones que singularizan las respuestas. Lo que el estudiante autista reclama con su rechazo, es el derecho a tratar la oferta educativa a su manera. Su objeción a un cierto tipo de educación, permite avanzar sobre el hecho de que la oferta educativa incluye siempre la Posición del Educador y cuando éste olvida el consentimiento como expresión de lo singular, se autoriza desde una perspectiva totalitaria a ubicarse como Amo que presiona para lograr la sumisión del estudiante. Por este motivo es importante hacer otra aclaración, otra diferencia: la Educación no es el entrenamiento cognitivo-conductual que apunta a reducir al sujeto a un patrón pre-establecido, el cual, solamente sirve para ocultar que todavía hoy se quiere excluir al niño autista de la educación. En nuestra Escuela Especial Robert y Rosine Lefort, consideramos que la educación es una oferta de objetos y saberes del patrimonio cultural, para que el sujeto se los apropie a su manera. En el Prefacio para un libro de Oskar Pfister de 1913, Sigmund Freud afirma que “el pedagogo trabaja con un material plástico, accesible a cualquier impresión y deberá imponerse el compromiso de no plasmar la joven vida psíquica de acuerdo con sus propios ideales personales sino más bien se ajustará a las disposiciones y posibilidades particulares del objeto.” Lo que Freud plantea es que el educador debe saber hacer una división operativa para darle cabida a la singularidad del estudiante en el uso de los objetos, en sus tiempos y espacios. Por supuesto que debemos ayudar al estudiante pero cuando se lo hace sin necesidad, lo estamos anulando. En este sentido, E.Laurent dice que se trata de sumergir al estudiante autista en un campo de palabra y de lenguaje en el que mediante un “forzamiento suave”, es invitado a interactuar. Esto es lo específico de lo educativo porque tiene el carácter de una invitación que se distingue de la demanda. La oferta educativa entonces, implica un intento de neutralización de la demanda del educador al sostenerse de los objetos que ofrece.