EL LOBO N°4
Esta niña al igual que las mariposas que después de mucho tiempo, rompen su capullo y despliegan sus alas, expuso su saber a los adultos que fueron a ver la muestra. Esta situación inesperada, nos hizo reflexionar sobre lo acontecido ya que lo que parecía un replegamiento, una indiferencia total, era en realidad su tiempo de espera. Y en el momento justo para ella, se animó a salir al mundo del intercambio y participación en las clases. Esta estudiante nos enseña, que cada sujeto tiene un camino y un tiempo propio para abrirse al Otro y cuando esto sucede y lo logran sostener, aprenden a volar. Asimismo desde el punto de vista del docente es una enseñanza en relación a su posición, la cual tendrá que ser la de un interviniente esclarecido sobre su práctica ya que no solo necesita desprenderse del sentido sobre lo que le propone al niño, sino que todo lo que supone la educación en el estudiante autista, necesita de su colaboración. No se puede aprender si no se está dispuesto a hacerlo. El adulto que quiera enseñar al estudiante autista precisará que éste le dé su visto bueno. Solo identificando y respetando las condiciones en las que un estudiante autista aprende, el adulto que está con él tendrá la posibilidad de incluirse ahí desde una función educativa. Ya sea que provenga de los padres o de otros educadores, quedará en suspenso hasta que se capte y se respete ese “modo propio” o estilo de aprender del sujeto.
Prof. María Pilar Carruccio