EL LOBO N°4
LA MÚSICA ENTRE LA VOZ Y LA MIRADA
La clase de música en la escuela, cualquiera sea su nivel, abre un espacio muy particular en los procesos de aprendizaje de los estudiantes. No sólo se trata de desarrollar contenidos constitutivos del lenguaje musical tales como pulso, tempo, figuras o cualidades sonoras sino que también les permite habilitar un lugar de confianza en el cual cada estudiante encuentre la manera de expresarse corriéndose un poco de la mirada del Otro y reposando en pares incluso allí donde la palabra hablada no siempre aparece. En este marco quiero presentar a Agustín, un adolescente que encontró en la ejecución del piano su voz, su modo de decir, su manera de construir un lazo social. Saussure señala que “en la lengua no hay más que diferencias, y esas diferencias son puramente negativas” (Curso de lingüística general, 1916, p. 120).Un sonido aislado nada significa: cobra valor en la red de relaciones. De la misma forma, el sonido musical de un alumno adquiere sentido en relación con los otros sonidos, y sobre todo con la escucha del entorno. Lacan plantea que la voz es un objeto, no sólo un sonido, algo que el sujeto dirige al Otro como demanda. “La voz es un objeto que no se confunde con el significante, pero que sólo se sostiene en la medida en que un Otro lo escucha” (Seminario XI, 1964, p. 205). Violeta Hemsy de Gainza recuerda que la enseñanza musical no debe quedar en la mera técnica: “La educación musical es educación de la subjetividad; no basta con hacer sonar, hay que habilitar el decir del sujeto en su hacer musical” (Esto lo estoy tocando mañana, 2007, p. 57). Gerda Alexander, creadora de la eutonía, propone que el aprendizaje debe incluir al cuerpo en su escucha: “El alumno debe sentir el sonido en su cuerpo, reconocer la resonancia interna antes de comunicar afuera” (Conversaciones con Gerda Alexander, 2002, p. 98). Pablo Fridman en Música y psicoanálisis afirma: “La música puede ser un decir allí donde la palabra tropieza; no se trata de reemplazo sino de invención” (2018, p. 34). Florencia Gigena, en su trabajo sobre autismo y música, sostiene: “Cuando el instrumento aparece como mediador, puede darse una forma de lazo social inédita, incluso en sujetos que parecían