Revista de actualidad, geopolítica y estrategia.
Cuando en 1989 se celebraron las primeras elecciones parcialmente libres, el resultado no fue solo electoral, fue la consecuencia de una década de resistencia anticomunista que había minado la autoridad del sistema desde abajo. El patrón se repite, el poder no cede porque unos cuantos ciudadanos depositen una papeleta cada cuatro años y luego regresen a sus casas a esperar que “esta vez sí” llegue el cambio. Cae cuando una masa crítica de personas decide, al mismo tiempo, que ya no va a seguir prestando su trabajo, su silencio y su conformidad a un orden que las desprecia. La legitimidad de cualquier sistema depende, en última instancia, de la disposición de la mayoría a obedecerlo. Cuando esa disposición se retira de forma coordinada y sostenida, incluso las estructuras más blindadas empiezan a crujir. En España, sin embargo, el reflejo predominante sigue siendo otro.