ENSEÑAR ES LUCHAR:
La docencia en el ámbito gremial
Hablar de la docencia implica hablar también de las condiciones en las que se desarrolla este trabajo. A partir de nuestra investigación, pudimos reconocer que muchas de las problemáticas que atraviesan actualmente a los docentes de Río Grande no son recientes, sino que forman parte de un proceso histórico de deterioro de las condiciones laborales y educativas. En este contexto, la lucha docente aparece no solo como una disputa por el salario, sino también como una forma de defender el derecho a una educación pública de calidad.
Un punto central de esta problemática es el salario. La Ley de Docencia de 1958 ya reconocía el derecho a un salario justo con actualización anual, además de estabilidad laboral, licencias, vacaciones y otros beneficios. Sin embargo, con la expansión del sistema educativo durante la segunda mitad del siglo XX, el aumento de docentes y escuelas no estuvo acompañado por un crecimiento equivalente de los presupuestos destinados a educación. Esto produjo una reducción del salario docente y la necesidad de recurrir al pluriempleo. Esta situación continúa presente: en las entrevistas realizadas, los docentes señalaron que ocupan varios cargos para poder sostener su vida cotidiana. Uno de ellos expresó que la vocación no alcanza para pagar el alquiler, los estudios o la formación profesional. Así, aparece una contradicción entre el discurso que presenta al docente como una figura de vocación y compromiso social y las condiciones materiales en las que debe desarrollar su trabajo.
En septiembre de 2026, esta problemática se hizo visible en las calles de Río Grande a través de un paro por tiempo indefinido que llevaba casi un mes. Docentes de distintas escuelas se reunían frente al Ministerio de Educación para reclamar, principalmente, un salario digno. Sin embargo, la lucha no se limita al salario. Las condiciones edilicias constituyen otra expresión de la falta de inversión: establecimientos sin calefacción, sectores clausurados por derrumbes, bibliotecas sin materiales actualizados, computadoras antiguas y falta de conectividad. Estas situaciones afectan la seguridad de la comunidad educativa y las posibilidades de desarrollar una enseñanza acorde a las necesidades actuales.
Frente a este escenario, los sindicatos aparecen como una herramienta histórica de organización y defensa de los trabajadores. Sin embargo, las entrevistas también permitieron reconocer tensiones dentro de las propias organizaciones. Se cuestionaron determinadas medidas de protesta por su desgaste y se señalaron situaciones de exclusión hacia quienes tienen opiniones diferentes o menor antigüedad, además de críticas relacionadas con la falta de participación y transparencia en las negociaciones. Por esto, la fortaleza de la lucha docente no depende únicamente de la confrontación con el gobierno, sino también de la construcción de organizaciones más horizontales y democráticas.
Las medidas de fuerza también generan un debate. La historia muestra que las huelgas docentes pueden alcanzar resultados concretos: en 1957, una huelga de 37 días en Santa Fe logró, entre otras cosas, un aumento salarial y la devolución de los días de huelga, mientras que en Tucumán una huelga de 40 días contribuyó posteriormente a la sanción de un estatuto docente. Sin embargo, las entrevistas actuales permitieron identificar que las desobligaciones y los paros prolongados pueden afectar la continuidad pedagógica y generar dificultades para estudiantes y familias que no cuentan con redes de cuidado. De este modo, el conflicto no ocurre únicamente entre docentes y gobierno, sino que también alcanza a la comunidad educativa, debilitando en algunos casos el vínculo entre la escuela y las familias.
En este sentido, enseñar es luchar porque la defensa de la docencia no puede separarse de las condiciones que hacen posible enseñar. Reclamar un salario digno, escuelas seguras, recursos adecuados y una educación pública de calidad no constituye un reclamo ajeno a la tarea docente, sino parte de ella. La lucha, entonces, no debería entenderse únicamente como confrontación, sino como la búsqueda colectiva de condiciones que permitan que la escuela continúe siendo un espacio de enseñanza, aprendizaje y construcción social.