ENSEÑAR ES dar:
Docencia en la Junta de Clasificación y Disciplina
En la Junta de Clasificación y Disciplina, la tarea docente adquiere una dimensión diferente. Allí, el trabajo cotidiano está atravesado por normativas, documentación y procedimientos que deben cumplirse con rigurosidad, ya que las decisiones tomadas pueden tener un impacto directo en la trayectoria laboral de otros docentes. Sin embargo, detrás de cada expediente y cada trámite aparecen personas con dudas, necesidades y situaciones particulares. Es en este punto donde la identidad docente adquiere un valor fundamental.
Ser docente y, al mismo tiempo, formar parte de la Junta permite trasladar la experiencia de las escuelas al ámbito administrativo. El contacto previo con las aulas aporta una mirada más cercana sobre las dinámicas cotidianas del sistema educativo y sobre las trayectorias de los colegas. Esta experiencia permite que el cumplimiento de la normativa no se convierta en un proceso deshumanizado, sino que pueda estar acompañado por empatía y comprensión. De esta manera, la función de las vocales no se limita a garantizar la transparencia de los listados, la defensa de los derechos laborales y el debido proceso, sino que también implica acompañar a quienes recurren a la institución.
Esta perspectiva se vuelve especialmente visible en la atención por ventanilla. Un trámite que podría reducirse a recibir, revisar o rechazar documentación puede transformarse en un espacio de orientación. Las vocales utilizan su formación pedagógica para explicar resoluciones y procedimientos que muchas veces están expresados mediante un lenguaje técnico-legal difícil de comprender. Ser docente les permite buscar otras palabras, recurrir a ejemplos y pensar diferentes maneras de explicar una misma cuestión hasta lograr que el otro pueda entenderla. Así, el conocimiento no se utiliza únicamente para cumplir una función administrativa, sino también para facilitar que cada trabajador pueda comprender sus propios procesos de merituación y ejercer sus derechos.
Esta forma de acompañamiento también aparece en el ámbito disciplinario. La experiencia docente y sindical permite comprender que detrás de una inasistencia o de un conflicto institucional existe un contexto que debe ser considerado. Por eso, la trayectoria en las escuelas contribuye a sostener el debido proceso y la gradualidad de las sanciones, evitando decisiones arbitrarias o desproporcionadas. La mirada docente permite, entonces, que la aplicación de la normativa no pierda de vista a la persona sobre la que esa decisión repercute.
Para que esta tarea sea posible, también resulta necesario saber hacer equipo. La Junta es un cuerpo colegiado compuesto por ocho miembros que deben tomar decisiones de alcance provincial. No existen relaciones de subordinación entre sus integrantes, por lo que el trabajo requiere consenso, negociación y capacidad para convivir con diferentes posicionamientos políticos e ideológicos. La complementariedad de saberes, la división flexible de tareas, la rotación y la separación entre los desacuerdos laborales y las relaciones personales permiten sostener el funcionamiento del equipo. Además, los acuerdos y criterios se registran por escrito para garantizar la continuidad de la gestión.
En este recorrido, enseñar aparece como una práctica que excede las paredes del aula. La identidad docente permite poner el conocimiento al servicio de otros, traducir aquello que resulta difícil de comprender, escuchar, orientar y acompañar. Enseñar es dar, entonces, no significa únicamente transmitir contenidos, sino también compartir herramientas y saberes para que otros puedan comprender sus derechos y desenvolverse dentro del sistema educativo. En la Junta de Clasificación y Disciplina, esa dimensión de la enseñanza se hace presente en cada explicación, cada decisión y cada vínculo construido con otros docentes.