El diagnóstico integral desarrollado mediante metodologías participativas durante el año 2024 confirma que el consumo de sustancias psicoactivas en el departamento de Risaralda constituye un fenómeno complejo, multicausal y heterogéneo que afecta de manera diferenciada a diversos grupos poblacionales y territorios. El alcohol emerge como la sustancia de mayor prevalencia e impacto sanitario y social, con consumo normalizado culturalmente que afecta a más del 30% de estudiantes escolares a nivel nacional según datos de referencia del Estudio Nacional de consumo 2022.
La marihuana se consolida como la sustancia ilícita de mayor consumo presente en los catorce municipios del Departamento, mientras que sustancias de alto impacto como heroína inyectable y bazuco se concentran principalmente en zonas urbanas vulnerables del Área Metropolitana. La edad promedio de inicio en el consumo se ubica entre los once y trece años, evidenciando que la experimentación con drogas ocurre durante la adolescencia temprana, período de máxima vulnerabilidad neurobiológica y social que requiere intervenciones preventivas intensivas, oportunas y basadas en evidencia científica.
El análisis de determinantes sociales del consumo revela que la problemática de las drogas en Risaralda se encuentra profundamente arraigada en condiciones estructurales de inequidad, exclusión y vulnerabilidad social. La disfuncionalidad familiar, el bajo involucramiento parental, la falta de oportunidades educativas y laborales para jóvenes, el desempleo juvenil, la deserción escolar, la exposición a violencias múltiples, la pobreza y la normalización cultural del consumo configuran un entramado complejo de factores de riesgo que incrementan exponencialmente la vulnerabilidad de niños, adolescentes y jóvenes frente al uso problemático de sustancias.
Por otro lado, los mapas de diagnóstico territorial evidencian una distribución espacial heterogénea del fenómeno del consumo que exige estrategias diferenciadas según características geográficas, demográficas, culturales y socioeconómicas de cada zona. El Área Metropolitana Centro Occidente, que concentra el 70% de la población Departamental, presenta la mayor complejidad del fenómeno con presencia de todas las sustancias incluyendo heroína inyectable, bazuco, cocaína, marihuana, alcohol y sustancias emergentes como 2C-B "Tusi", requiriendo servicios especializados de alta complejidad, dispositivos de bajo umbral, estrategias de reducción de riesgos y daños, intercambio de jeringas, distribución de naloxona y tratamientos de sustitución con metadona. Se podría analizar que basados en la nueva Política Nacional de Drogas, se considere la creación de una Sala de consumo supervisado, en articulación con los municipios de Pereira y Dosquebradas.
Los municipios intermedios presentan dinámicas rururbanas mixtas con predominio de alcohol y marihuana, necesitando fortalecimiento de prevención universal, zonas de orientación y capacitación de talento humano local. Las zonas rurales, particularmente Mistrató, Pueblo Rico y Quinchía, enfrentan problemáticas específicas como consumo en contextos laborales agrícolas, pago con sustancias a jornaleros, presencia de grupos armados organizados vinculados al narcotráfico, población indígena que requiere enfoque diferencial étnico, y limitaciones severas de acceso a servicios especializados que demandan estrategias móviles, telesalud y fortalecimiento de agentes comunitarios.