Tendencias emergentes
El panorama epidemiológico del consumo de sustancias psicoactivas en Colombia y específicamente en Risaralda evidencia tendencias emergentes que plantean desafíos significativos para las políticas públicas. La aparición de nuevas sustancias psicoactivas (NSP) sintéticas, comercializadas bajo denominaciones como "Tusi" (mezcla que frecuentemente contiene ketamina, MDMA y otras sustancias), "sales de baño", cannabinoides sintéticos, y diversas variantes de fentanilos y análogos sintéticos, representa un reto para los sistemas de vigilancia epidemiológica, control sanitario y respuesta clínica. La transformación de los mercados de drogas con mayor presencia de sustancias adulteradas, mezclas de múltiples componentes comercializadas bajo una denominación única, y variabilidad en pureza y composición, incrementa exponencialmente los riesgos para personas usuarias que desconocen la verdadera naturaleza de lo que consumen. Esta realidad justifica la implementación de servicios de análisis de sustancias (drug checking) como estrategia de reducción de daños que permite informar a usuarios sobre la composición real de las sustancias, alertar sobre presencia de adulterantes peligrosos, y generar sistemas de alertas tempranas que protejan a comunidades usuarias.
El incremento del consumo de opioides, tanto heroína en zonas específicas como uso problemático de medicamentos opioides analgésicos, plantea desafíos de salud pública que requieren respuestas integrales incluyendo regulación apropiada de la prescripción médica de opioides, educación a profesionales de la salud en manejo del dolor y prevención de adicción iatrogénica, acceso a tratami-
-entos de sustitución opiácea con metadona o buprenorfina, y distribución masiva de naloxona como medicamento salvador de vidas ante sobredosis.
La pandemia de COVID-19 generó impactos significativos en los patrones de consumo de sustancias, las dinámicas de los mercados de drogas, y el acceso a servicios de prevención y tratamiento. Los períodos de confinamiento se asociaron con incrementos en consumo de alcohol en hogares, exacerbación de problemas de salud mental que favorecen el uso de sustancias como automedicación, interrupciones en tratamientos de sustitución y programas de reducción de daños, y mayor vulnerabilidad de personas en situación de habitabilidad en calle que consumen drogas. simultáneamente, los mercados ilícitos de drogas demostraron capacidad de adaptación mediante nuevas modalidades de distribución incluyendo entregas a domicilio y uso de tecnologías digitales.
El presente análisis epidemiológico evidencia que el fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en Colombia y Risaralda presenta magnitudes significativas, afecta de manera diferenciada a diversos grupos poblacionales, muestra tendencias de incremento en ciertos indicadores, y plantea desafíos complejos que exigen respuestas integrales, intersectoriales, basadas en evidencia científica y centradas en derechos humanos. Los datos proporcionados por los estudios nacionales del Observatorio de Drogas constituyen insumos fundamentales para la priorización de acciones en el Plan Departamental de Drogas 2024-2027, permitiendo focalizar intervenciones en poblaciones de mayor vulnerabilidad, sustancias de mayor impacto, y territorios con mayor carga del problema.