Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Universitaria
Entre los escolares con menor rendimiento académico (puntaje 0-1 en escala de desempeño), la prevalencia de consumo de uso de sustancias en el último año resultó significativamente mayor (18,4%) comparada con estudiantes de alto rendimiento académico, quienes presentaron prevalencias más cercanas al promedio nacional (6,7%). Esta asociación puede interpretarse bidireccionalmente: el bajo rendimiento académico puede constituir tanto un factor de riesgo que incrementa la vulnerabilidad al consumo (por frustración, baja autoestima, desvinculación del proyecto educativo), como una consecuencia del consumo de sustancias (por deterioro cognitivo, ausentismo, problemas de concentración).
El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Universitaria proporciona información valiosa sobre patrones de consumo, factores asociados y necesidades de atención en este segmento poblacional que representa un capital humano estratégico para el desarrollo del país. Los datos del estudio universitario evidencian prevalencias de consumo superiores a las observadas en población escolar para la mayoría de las sustancias, confirmando que la transición hacia la educación superior y el período de juventud temprana se asocian con mayor experimentación y consumo de sustancias psicoactivas. Esta tendencia se explica por múltiples factores incluyendo mayor autonomía personal, reducción de supervisión parental, integración a grupos de pares con normas de consumo, exposición a ambientes festivos y de ocio nocturno, estrés académico, y en algunos contextos, mayor accesibilidad económica a sustancias.
Las sustancias de mayor prevalencia en población universitaria incluyen alcohol, tabaco, marihuana, cocaína, y en menor proporción sustancias sintéticas como éxtasis (MDMA) y LSD, que presentan mayor consumo en este grupo etario comparado con escolares. El patrón de consumo de alcohol en universitarios frecuentemente adopta la modalidad de "consumo episódico excesivo" (binge drinking), caracterizado por la ingesta de grandes cantidades de alcohol en períodos cortos de tiempo, típicamente en contextos de socialización recreativa de fin de semana. Este patrón resulta particularmente riesgoso por incrementar probabilidades de intoxicaciones agudas, accidentes, violencias, comportamientos sexuales de riesgo, y efectos neurotóxicos sobre el cerebro en desarrollo que aún continúa madurando hasta aproximadamente los 25 años.