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CUENTOS DEL TALLER LITERARIO

By Mariela Pasquini

Antología de cuentos

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Published
Jan 12, 2026
Pages
88
Language
English

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  • PRÓLOGO1 Esta antología reúne los escritos de tres mujeres sudamericanas de mediana edad unidas por un concurso: El Mundial de Escritura que organiza anualmente Santiago LLach.
  • Andrea V ecino2 Andrea Vecino es uruguaya, mamá de dos adolescentes y profesora de enseñanza media. La lectura la acompaña desde su infancia; la escritura ha sido un descubrimiento de los últimos años, que le ha permitido desempolvar sus recuerdos y vestirlos de ficción.
  • Un mal n mal sueño3 El sonido de la alarma la sobresaltó. Tenía la sensación de que acababa de cerrar los ojos, pero ya era hora de levantarse. Odiaba que le pasara eso. Eso, y sentir que había estado soñando con algo que era importante recordar, y no poder hacerlo.
  • Page 44 llevar paraguas, y ella odiaba los paraguas. Tomó el más discreto y pequeño entre los cuatro que halló en el armario. Esos otros no eran suyos, seguramente amigos que en algún momento habían llegado con lluvia, abandonaron allí sus paraguas cuando al salir el clima había cambiado y ya nada les recordaba la necesidad de un artefacto tan poco estético. Pensó que tal vez sería bueno regalarlos así que los sacó del armario y los dejó al lado de la puerta de calle; la próxima vez que alguien tocara su timbre preguntando si tenía algo para dar, les daría esos paraguas que, al fin y al cabo, estaban en perfecto estado.
  • Page 55 mal que había vuelto. Se ve que pensando en su sueño no había reparado en lo cotidiano. Había dejado las ventanas abiertas y el televisor prendido. ¡Qué descuido! Puso todo en orden y se fue al dormitorio, a ver si acostada pasaba el mareo. Escuchó movimiento en la cocina, que tenía la puerta cerrada, pero no dijo nada. Ya estaba cansada de tener que señalar que era ella la que siempre estaba detrás de las pequeñas cosas de la vida cotidiana: el lugar del tacho de basura, las ventanas, el televisor y las luces encendidas donde no era necesario... El vínculo estaba muy deteriorado, siempre que hacía sus planteos parecía que estaba hablando con las paredes, y si ella intentaba ser más imperativa, los otros gritaban o se iban rápidamente y la dejaban hablando sola. Sabía que era insostenible, sentía que nadie la escuchaba y que pronto tendría que tomar una decisión, pero ahora estaba ocupada en otra cosa. Se fue a su cuarto, entró, cerró la puerta y se acostó.
  • Page 66 instante. La invadió el olor de la playa de ese balneario en invierno y se dejó llevar por el sonido de las olas ese jueves tormentoso, un día después de su boda, cuando sentía que el amor todo lo podía y el futuro era pura esperanza.
  • Sin in Cenar¡Pobrecitos! ¡Mirá si les iba a dar eso que no querían! 7
  • Page 8"Sres. padres: 8
  • Page 99 Cada vez que su madre venía de visita era como rendir un examen. No solo por el juicio minucioso que Carmen hacía sobre todo, sino porque así se sentía Amalia: se ponía nerviosa, le dolía la panza, se pasaba más pendiente del teléfono que del trabajo y siempre concluía que la próxima vez, mejor faltaba al trabajo. Pero, al llegar la próxima vez, llamar al trabajo y avisar que no iba por los chicos no era una opción, no si pretendía que la consideraran para tareas más importantes y mejor pagas.
  • Page 1010 Guardó las 4 milanesas empanadas en un tupper en la heladera, enfilmó la bandeja con el brócoli, se tomó unos minutos para ordenar el tetris que era su heladera, lavó los utensilios que utilizó, limpió la mesada, barrió el piso. Antes de apagar la luz de la cocina revisó cada elemento de la lista de verificación que ella tenía en su cabeza cada vez que su madre la visitaba. Listo. Todo cubierto.
  • Page 11sábado y ya vería qué hacer. 11
  • Page 1212 Fue a decirle que desde cuándo ahora los niños que se negaban a comer se convertían en "pobrecitos", que por qué si ella elegía darles panchos a sus hijos, inmediatamente era una mala madre, pero que la misma decisión no convertía a Carmen en mala abuela, que por qué no se iba a la mismísima mierda. Pero no, resopló y se encerró en el baño.
  • Page 13Lat _a tía María Elena
  • Page 1414 materna, era bastante antipática y desconsiderada. Por si fuera poco, era malísima cocinera, razón por la que cada domingo que tocaba ir se hacían enormes esfuerzos de negociaciones diplomáticas para que la comida fuera asado, que se hacía casi solo y no requería más conocimientos que el de prender un buen fuego.
  • Page 1515 El primer plato, bien servido y humeante, fue para su esposo, -al que quería bastante poco y que a esa altura ya estaba tan alcoholizado que ni cuenta se daba del beneficio-, porque así debía hacerlo una buena esposa. Los siguientes platos fueron para sus hermanos, luego los sobrinos y finalmente la familia política. Ella al final. Nunca supe si era por abnegación o por eso de "el que parte y reparte se queda con la mejor parte".
  • Page 1616 Seguimos yendo a lo de la tía María Elena, solo cuando se almorzaba asado. Y religiosamente, mamá o la tía Alicia llevaban el postre.
  • Manifes anifestarle al universo17 -¿Viste qué día hermoso que hay? dijo María levantando las persianas de un solo golpe. Jorge no entendía muy bien a qué se debía tanta energía, tan temprano. La luz, a él, lo encegueció primero y después lo reconforto. Por la ventana se veía el pedacito de fondo donde cuelgan la ropa, más allá el murito bajo, y luego el baldío, que a pura voluntad María logró limpiar y va camino a convertirse en patio de juegos.
  • Page 1818 -Donde comen dos, comen tres, ¿no? Hacemos un esfuerzo, ajustamos acá, o allá.
  • Page 1919 Ese día la pelea fue grande. Se dijeron de todo, alguna cosa adentro de la casa se rompió, pero bueno, así son las parejas que se quieren mucho, que son apasionados. Eso le dijo María a su hermana cuando le vio las marcas en los brazos. Juana se preocupó, le recordó que siempre podía volver a la casa de sus padres, que Jorge siempre fue un sorete. Pero María dijo que ella sabía bien lo que tenía que hacer. Siempre fue muy determinada y creía seriamente que el universo tenía cosas buenas para ella, que los obstáculos solo estaban para que ella los sorteara. Jorge era el hombre que había elegido para formar una familia, y aunque tenía sus "cositas", era bueno.
  • Page 2020 La primera vez que despertó después del golpe se dio cuenta que estaba atado y le dolía la cabeza de una manera rabiosa. Tenía la remera toda manchada de sangre. Ya era de nochecita.
  • Page 2121 Y María se fue al dormitorio. Y Jorge ya no tenía fuerzas ni para discutir.
  • Page 2222 rato más después de que se quedó quieto. Los labios de Jorge se pusieron azules y María notó que ya no respiraba.
  • Page 23Adiós De Amor
  • Sin rock24 Hace algo más de 20 años me enamoré de vos de una manera que aún, a veces, extraño. El mundo era un lugar simple, empezaba y terminaba en vos.
  • De Asis e Asistencia Obligatoria25 Ni bien atravesamos la puerta me golpeó el olor denso y dulzón de las flores expuestas a la calefacción. Desde ese día, para mí, ese es el olor de la muerte.
  • Page 2626 cajón cerrado, marrón claro, bastante más chico de lo que yo pensaba que sería, en el medio de la habitación y sillas a los lados, como si la muerte precisara de espectadores.
  • Alicia27 Mira por la ventana y fija la vista en el horizonte. Se pregunta si la muerte se sentirá como la soledad que la acompaña desde que perdió a su padre. No le produce angustia saber que no hay respuesta, de todos modos, la vida no ha tenido sentido desde que se casó con John. ¿Quién iba a pensar que esa decisión lo cambiaría todo, para siempre? Ríe amargamente por su inocencia, por la candidez con la que preparó su ajuar, por el temor y la ansiedad con la que esperó su noche de bodas, por la cantidad de sueños tontos que tejió creyendo que ahora sí sería dueña de su vida y que el futuro sería dulce y próspero. ¿Cómo no vio la oscuridad de su marido? ¿Cómo su padre no leyó el engaño? ¿Cómo fue posible que la elegancia, la educación, los buenos modos de John fueran suficientes para esconder a un ser perverso que sin escrúpulos estafó y humilló a su padre hasta matarlo de tristeza y vergüenza? ¿Cómo podía ser que ese hombre que la tocaba con manos frías y parcas, que la amaba por obligación una vez al mes según calendario, fuera el mismo que por las noches se escabullía por las calles en busca del cariño fácil, del fuego que se paga con regalos o billetes, del éxtasis fingido de mujeres sin honra?
  • Page 2828 poseerla, solo quería la llegada de un hijo dentro del matrimonio para vanagloriarse de su descendencia entre su distinguido círculo de amigos. No contaban las criaturas que sus furtivos encuentros habían dejado, esas eran para él iguales al animal humano traído de América que tenía encerrado, no valían ni el aire que respiraban. Procuró, además, hacerse baños de vinagre después de los eventuales encuentros con su marido, reducir al mínimo la posibilidad de engendrar con él. Ya no podía confiar en que Dios estuviera de su lado.
  • Page 2929 que lleva dentro le recuerda que una parte fundamental del plan se dará después del nacimiento, cuando ella ya no importe.
  • Aurora30 Se para. Se sienta. Se vuelve a parar. Camina hacia la puerta, mira hacia afuera y queda paralizado. Agarrado del pasamanos mira al piso, pero sus pensamientos descienden en espiral hasta el fondo de su conciencia.
  • Page 3131 María Gimena Gerez
  • Page 32Asi Así son las cosas
  • Page 3333 Carlitos tuvo polio a los tres años y se murió. Según mi mamá, su mamá, o sea mi abuela, la que no me quería, sí le hablaba de Carlitos. Y mucho. Que era un muñeco, que tenía unos rizos casi blancos de lo rubio que tenía el cabello, que era la criatura más dulce que hubo en la tierra, que cuando se enfermó su madrastra no hacía más que llorar por los rincones, que lo sacaron del hospital y lo llevaron a la casa cuando ya estaba desahuciado y que le pusieron sus mejores ropas y le sacaron una foto. Y que esa foto de Carlitos, el ángel, ella se la había robado a su madrastra y nunca reconoció que la tenía.
  • Page 34que acababan de abrir para el flamante farmacéutico. 34
  • Page 3535 estaba se ponía irritable, los encerraba en el cuarto a leer o los mandaba al fondo a jugar y se ensimismaba entre sus costuras y bordados.
  • Page 3636 chocolates y muñeca para las niñas; tarjeta, chocolates y autito para los niños. Yo nunca recibí nada y nunca me llevó al cine o a merendar, obvio. No tengo el cabello rubio ni los ojos claros, pero mis hermanos y hermanas tampoco y a ellos sí los sacó a pasear alguna que otra vez. Lo que tenía conmigo no se trataba de una cuestión relacionada con el tono del cabello o de la piel, iba más allá de eso.
  • Page 3737 mi abuela le encantaban los gatos, amaba acariciarlos y tenerlos encima. Yo se los pillaba y se los daba. A veces se los traía a la cama y ella se reía, los metía debajo de las sábanas y los gatitos se acurrucaban al lado de sus piernas, se hacían un ovillito y se volvían a dormir. Mi abuela y los gatitos se volvían a dormir.
  • Angelito38 -¿Y si se da cuenta? ¿Qué hacemos si se da cuenta?
  • Page 3939 La mujer se quedó sentada en el gran comedor con la compañía de tres tazas de café humeante esperando a que vuelva con las masas finas aquel a quien creía su ahijado.
  • Fucking ucking Pandemia40 Creo que para lo único que me sirvió Dios fue para que al hacer la Primera Comunión me den plata a cambio de las estampitas, esas estampitas horribles que me regaló mi madrina. Mi otra madrina seguro me regalaba otras más lindas. Pero ahora eso ya no importa.
  • Page 4141 estaba preparando como si estuviera por ir a bailar. Pero una nunca sabe con quién se puede encontrar de casualidad. Hace tres meses que no pisaba la calle y quería estar top. Además, pensé: capaz que me contagio de Covid y me cago muriendo y lo último que se acuerdan es que me cruzaron en el súper con pinta de pordiosera.
  • Page 4242 Y no es que quiera ir al colegio porque me guste estudiar, sino para verla a Sonia y verlos a los chicos que se egresan este año. Son todos hermosos. Todo el año pasado estuvieron trabajando a full haciendo locro, empanadas, bailes y bingos para juntar plata y pagar la gira a Bariloche. Ahora no podrán viajar. Me parece que a ellos la pandemia los cagó más que a mí. Ojalá para cuando me toque egresar a mí ya no haya pandemia ni otro virus que nos tenga encerrados en las casas sin nada más que hacer que pensar en Dios y en la muerte y en los chinos comiendo murciélago.
  • La Pastalinda43 Mi papá solía decir que mi abuelita Cata hacía los tallarines más ricos que había comido en su vida, que con un poco de harina, semolín y un par de huevos armaba unos tallarines de rechupete.
  • Page 4444 Mi abuela Cata presumió hasta el final de sus días la pastalinda que le regaló mi papá para un día de la madre. Era la época de las vacas gordas y la hizo feliz con algo que ella había anhelado toda su vida.
  • Page 4545 Éramos un familión, y siempre había invitados para almorzar los domingos, así que los tallarines eran una buena opción porque no se necesitaba mucho dinero para prepararlos. Se convirtieron en un menú dominical bastante repetido. La salsa siempre era roja, a veces contenía un pollo trozado en cuarenta piezas y a veces era de la carne más económica que resultaba un manjar que se deshacía en la boca luego de las tres horas de hervor. Religiosamente debía llevar varias hojas de laurel, sino el sabor cambiaba rotundamente.
  • Falco alcon Rojo46 Hacía ya un par de años que cuatro de mis hermanas grandes viajaban por su cuenta en sus propios autos familiares. Los que más recuerdo eran un Citroën verde y un Fitito azul claro que parecían mucho más pequeños de lo que realmente eran al lado del Ford Falcon rojo de mi papá.
  • Page 4747 concursos que se dieron entre el papá y mi cuñado para ver quién sabía más de cualquier tema en cuestión. Al tiempo de llegar nos subimos de nuevo al Falcon porque el papá quiso ir a enseñar en la universidad de Santiago del Estero. Ahí estaba otra de mis hermanas más grandes. Ella tenía su Renault, pero venía seguido con sus hijas y su marido a dar vueltas con nosotros en el Falcon del papá. La que también vino y se quedó a dar varias vueltas fue mi hermana más grande, la de Bariloche, porque su marido quiso ir a probar suerte en Europa. Cuando menos nos dimos cuenta estaban los cuatro en el otro lado del Océano y mis sobrinas hablaban con acento español.
  • Page 4848 El papá no entendía nada. Una de mis hermanas grandes se subió adelante con él, pero al poquito tiempo se cansó y nos dijo de ir repartiendo el papel de copiloto a otra de mis hermanas y a mí. Nos íbamos turnando en los trayectos, pero llegó el día de hacer lo inevitable.
  • Nefa efasto Paraíso fast49 Daniela tenía los párpados desarmados de tanto llorar. La piel de sus ojos se había empezado a ampollar y a desintegrar a causa de la humedad constante a la que había sido sometida después de haber soportado cuatro días ininterrumpidos de lágrimas. Hacía cuatro días que Dani estaba llorando acostada, en posición fetal, en la cama de un hospital de Isla Cocos.
  • Page 50llamaría para que lo ayuden con su emprendimiento. 50
  • Page 5151 últimos fondos se invirtieron en los aéreos para ir a Australia y de ahí, a las Islas.
  • Page 5252 -Hay pájaros silvestres, tortugas marinas, peces de colores, delfines, cangrejos que entran y salen de sus cuevas escapando de la mirada de los curiosos.
  • Page 5353 habitual. Fines de semana largos, vacaciones o descansos festivos los dejaban a ambos con bastante propina.
  • Page 5454 paupérrimo hospital de la isla. Tenía que decírselo a Matías de una manera especial. Muchas veces habían hablado de hijos y habían fantaseado los ojos de quién tendría o a cuál de los dos se parecería en el carácter.
  • Page 5555 incorporarse sintió un líquido viscoso y pegajoso escurrirse por su vagina. Se tocó la bombacha y luego vio su mano: era sangre.
  • Bitácora de una mujer longeva56 27 de julio de 2074: un día como hoy, hace 51 años, me recibía de profesora. Tenía 45 años, poco usual para terminar una carrera universitaria. Yo elegí hacer las cosas de otra manera, disfruté de mis hijos pequeños y de mi padres mayores. Supe esperar mi momento.
  • Page 5757 Una vez más siento que soy profundamente bendecida ya que sigo aquí y mis hijos también.
  • Page 5858 prepara el mate, se sienta al lado mío y las charlas se tornan interminables.
  • Page 5959 y crecer. No encuentro las palabras para expresar el dolor que sentimos, el dolor que ella sintió.
  • Mariela PasquiniNació en Argentina en 1975, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Es mamá de Victoria, esposa de Nicolás y arquitecta. Siempre disfrutó de la lectura y escribió poemas tristes. Desde 2020 participa en talleres literarios.
  • Costanera61 Salgo cansado del turno vespertino, pero hoy estoy decidido a ir, ya le avisé a Rafa. Hace tres meses que estoy en Londres y no he salido de las 10 cuadras que rodean el hotel donde trabajo. Paso las mañanas y las tardes pelando potatoes y picando cebollas, tengo los dedos ampollados. Necesito ver agua en movimiento, yo soy un ser costero, una especie de pez que viaja contra corriente. El Thames es tan sucio como el río de Quilmes según me cuenta Franco, mi roommate. Él es colombiano y ostenta una nostalgia mucho más digna que la mía, él sabe esquivar mejor la amargura. Cuando fui a estudiar inglés me sorprendió el parecido de las palabras fork y forchetta. Mi abuela italiana nunca habló bien el castellano y siempre dijo fork-eta para nombrar al tenedor. 50 años viviendo entre hispanoparlantes y no perdía el acento abruzzese, como un ancla. A ella la corrió la guerra, a mí, la corrupción y el hartazgo.
  • Page 6262 ir a hablarle en mi inglés argento, pero a medida que el vagón frena veo que ella no se apresta a bajar, no guarda el libro, no aprieta su bolso contra sí, ni me devuelve la mirada. Farewell.
  • Page 6363 pero es el agua la que traduce mejor su tristeza y su amor incondicional. En el Atlántico sí que caben todas las ilusiones que compartimos.
  • Bugatti Verde64 Despierto mareada. Esa sensación horrible como si el cerebro flotara dentro del cráneo. Sé muy bien que el vino me hace mal, mi cuerpo no resiste la resaca. Debí pensarlo dos veces antes de bajarme las dos botellas de Chianti... para qué seguir guardándolas para la gran ocasión si él se fue. Golpeo la almohada con furia, me retuerzo en una rabieta y caigo al piso... un piso de madera que no es el de mi casa. Me doy cuenta que hay un fuerte olor a tabaco, y nosotros no fumamos -¡Qué carajo!- gateo por el piso hasta encontrar una lámpara de pie. Esta vez sí que me pase con el vino... La habitación es amplia y pulcra, es un estudio minimalista que me resulta conocido. Una escalera que sube limpia y sin adornos a un atelier. Unos pocos muebles muy sobrios con bordes cromados. Lo único que me faltaba, ¿me fui de la fiesta con alguno de los arquitectos? No, no, si llegué a casa con Tadeo y cuando se fue descorché el Chianti, imposible.
  • Page 6565 espalda y pone los brazos en jarra como examinándome. Lleva una bata de seda negra con dibujos de arabescos en dorado. Es una femme fatale, tiene todas las virtudes de las que yo carezco: seguridad, talento, coraje, desenfado. Ella o yo, buscamos un cigarrillo. Sube la escalera. Noto que camina distinto, que este no es mi paso habitual. Una cadencia prepotente en la pelvis. Hay una cigarrera de plata sobre una pequeña mesita al lado de un cuadro a medio terminar. Lo reconozco enseguida: el dibujo de una mujer de mirada penetrante arropada en pliegues de tela brillante. Art Deco puro. Ella toma un cigarro y lo enciende desesperada. Odio el tabaco, pero la dejo que fume, porque ella lo hace con una elegancia sublime.
  • Page 66EI Centinela
  • Page 6767 La nena se despertó, miró a su alrededor sin extrañeza y no emitió palabra. Agarraste el fuentón de lavar la ropa, lo llenaste con agua tibia, la desvestiste y la sentaste dentro. Te movías con la exactitud de un autómata. Ella sonrió asombrada, una sonrisa amarilla y pegajosa. Se dejó bañar entregada al éxtasis. El pelo fue lo más complicado, tuviste que jabonarlo tres veces para que al fin aflojara. Una vez bañada, seca y arropada con un vestidito que vaya a saber de dónde sacó mamá, parecía una muñeca de Yoly Bell, era preciosa y además sonreía. Mamá preparó leche tibia con pan y mermelada y las tres se sentaron a que la niña comiera. Ella masticó a upa tuyo porque no llegaba a la mesa, y se manchó las manos y la boca. Comió con ganas, pero no con hambre atrasada, cosa que te hizo sentir alivio. Era demasiado chica como para disimular o mentir, alguien la había cuidado, bah, alimentado. Necesitaba urgente un cepillo de dientes.
  • Page 6868 La vieja te regañaba, tenía el cuero duro de tantos palos, pero no lograba disimular que estaba feliz con esa nena en casa. Había recuperado la expresión mansa de cuando éramos chicos. No podía trabajar por la pierna coja, pero sí cuidar a un niño pequeño. Era como si la vida se les ordenara, como si se acomodara todo en un esquema que aún no comprendían. La empezaron a llamar Justina y los siguientes meses pasaron rápido entre que conseguían una camita, ropa y juguetes. En el noticiero no se hablaba nada de una nena desaparecida. Te dolía que nadie la reclamara. ¿Cómo era posible? ¿Habría muerto la madre? Andá a saber, algo peor tal vez. De noche, sobre todo, pensabas que había sido secuestrada por una red de trata y que lloraba en la oscuridad pidiendo por su hijita. Tanto revoltijo de dolores propios y ajenos no te dejaba dormir. De día era lo mismo con la calesita de ideas, y a veces te retaban en el hotel por estar distraída y mezclar las toallas. El trabajo de limpieza permite pensar demasiado ¡Hay que ver las cosas que se te ocurren pasando la aspiradora! Oías demasiadas historias de chicas desaparecidas. Te la pasabas buscando en los rostros de las noticias un gesto que te recordara a la nena. Una noche Justina cayó afiebrada. Mejoró enseguida, pero decidiste llevarla al hospital para que le hicieran un control y le dieran las vacunas. No se parecía a vos, pero era igual de morocha así que nadie sospechó. En medio de la consulta, Tina te soltó el primer "Ma-má". Casi te pones a moquear ahí mismo, la abrazaste y pensaste que sí, que tal vez esta vuelta ibas a poder salirte con la tuya.
  • Page 6969 raro. Habías vuelto a soñar. De adolescente soñabas que teníamos un papá. Te habías inventado un padre alto, con una sonrisa Kolynos. Soñabas que éramos chicos y cenábamos en familia. Comíamos arroz con legumbres. Nunca entendí lo de los garbanzos y las arvejas. Sos tímida hasta en sueños, siempre yendo a menos. Ahora soñabas con un hombre parecido al de los dientes blancos, pero vos eras la mamá y Tina jugaba tu papel. A veces aparecía la madre de la nena, lloraba mucho y llevaba un ramo enorme, inabarcable, de claveles rojos. Te despertabas agitada con el olor terroso de las flores. Justina había aparecido para salvarte de la tentación diaria de las vías del tren, para demostrarte que un cielo cabe en este infierno.
  • Page 7070 esperaste los resultados en un estado catatónico. Sentías un zumbido en las orejas como si una mosca negra, peluda y tenaz te recordara que a vos no te sale nada bien. Yo sostuve la manito de Tina mientras la pinchaban. Gimió apenas. En un momento hasta me pareció que me miraba.
  • Triada71 Verónica llamó para avisar que venía con solo un día de anticipación. Siempre fue igual, todo en ella tenía una urgencia impostergable. Su improvisación era tan enorme como su fuerza de voluntad que te arrastraba cual ola furiosa hacia la orilla que ella decidiera. Llegó en una Ford Ranger doble cabina roja del 93, impecable, igualita a la que tenía Ortiz cuando íbamos a la escuela. Había jurado que un día iba a manejar una. Le llevó 25 años, pero lo consiguió.
  • Page 7272 Natalia y yo comenzamos la facultad, ella computación, yo arquitectura. Nos veíamos los fines de semana, salíamos a bailar, a ver si la trasnoche nos acercaba a algún muchacho decente y en lo posible alto y con algo de glamour. Nati no tardo en ponerse de novia, así que quedamos solo Vero y yo para las salidas y la parranda. La amistad se tejía a fuerza de confidencias, pequeñas desgracias compartidas, vacaciones juntas en la costa y reuniones periódicas. Cada una sabía que contaba con las otras y con eso sobraba.
  • Page 7373 lugar, me parece totalmente delirante que te guardes estas cosas, y en segundo, es una locura que aparezcas así de la nada para que te ayudemos con un ritual, si ya sabés que yo no creo en esas pavadas. Mejor hubiera sido que nos llamaras, teniendo yo a mi papá oncólogo... no lo puedo creer-― dijo Nati, notablemente molesta.
  • Page 7474 donde está la Basílica de Nuestra Señora del Socorro.
  • Page 7575 cargo de mis padres enfermos. Vero se había separado, su situación era precaria y su hija de 10 años estaba recuperándose del cáncer; ella que siempre fue la más alegre, la que se llevaba el mundo por delante tenía el panorama más complicado... Así y todo, era lindo vernos, algo permanecía intacto de aquel cariño de niñas. Nos hacía bien, era como volver a la nave nodriza. Le pedimos al mozo que nos sacara una foto y estuvimos bromeando un rato largo a ver qué mártir nos correspondía a cada una. Quedamos en que yo sería Rufina, la que tuvo menos hombres; Nati representaría a Felicitas, la más linda y codiciada, y Vero a Camila, la más transgresora de las 3. Luego Verónica nos devolvió en su camioneta brillante a nuestras respectivas casas para irse apurada a visitar a unas tías antes de volver a Córdoba.
  • Page 76Agua Agua Salada
  • Page 7777 confidencias. Tengo dos cajas de zapatos llenas de postales ya un poco amarillentas, caracoles y tarjetas de boliches. 1998 fue el último año que visité la costa. Era nuestro verano 17. Leticia estaba enamorada de un tal Mariano y yo me sentía bastante incómoda con el intruso. Iba a todos lados con nosotras y estaba claro que yo sobraba. Un par de veces Mariano había aparecido con alguno de sus amigotes, con el objetivo de sacarme de encima y poder quedarse a solas con Leticia. Mi prima había crecido bien, alardeaba un cuerpo bien proporcionado y eso a mí me amargaba profundamente. Ella que siempre había sido un par (hasta teníamos gestos parecidos, y hubo quien creyó que éramos hermanas) ahora era mucho más linda y agraciada, y yo casi que era invisible para los chicos. Mis padres se habían separado hacía tres años y el chocolate había sido mi refugio, además de la casa de La Lucy en Mar del Plata.
  • Page 7878 tímidamente. Me gustó su beso salado y frío. Nos quedamos en la arena franeleando hasta que escuchamos los gritos de Mariano.
  • Page 7979 estudiaba ingeniería, tenía un carácter divertido y no se fijaba en frivolidades. Me sentía enamorada. El segundo día fuimos a las termas temprano y nos quedamos hasta que ya no había nadie. -Voy a traer algo para brindar, esperame acá - dijo mientras me daba un beso en la frente. Me quedé sola en el piletón enorme, con la puesta de sol a la vista. Entre la resolana y el vapor vi a Leticia emerger del agua. Quedé petrificada. Estaba aún de 17, violeta como en mi sueño, pero con los ojos muy abiertos como los ahogados de la playa.
  • Page 802.065 80
  • Page 8181 No, mi nieto, uno de los hijos de Thiago. Nada, un desmayo. Había champagne y me embalé. También fue a estacionar, es raro que tarde tanto.
  • Page 8282 -Yo estoy enojada, siempre creí que iba lentamente a convertirme en mi abuela María, y que la vejez iba a ser puro goce: leer, tejer, hasta me compré unos canarios, porque plantitas tuve siempre, como ella, pero no logré nunca tener esas ganas de vivir. Bah, tal vez ella se hacía la superada, como hago yo con mis nietas, pero también tendría sus mambos por dentro, como todo el mundo. Otra cosa que me jode es no haber podido hacer nada trascendente con mi carrera. A los 30 creía que podría crecer, hacer que el viejo estuviera orgulloso.
  • Page 8383 -Sabés que cuando empezaron con todo esto de la poligamia yo creí que iba a tener un pico de popularidad y que luego todo iba a encauzarse, pero me equivoqué, lo mismo erré cuando dije que iba a haber un renacimiento de la música. Creo que hice mal en inculcarle a Victoria un romanticismo demasiado pasado de moda. A ella le fue bien, es como si se hubiera sacado la lotería, pero no creo que mis nietas tengan la misma suerte.
  • Orillas rillas ajenas84 Nada va a impedir que hoy vaya al río. Uno tiene sus achaques, pero tampoco es para que lo traten de inválido. No señor. Aún puedo salir solo a la calle, y voy a aprovechar el día, no me va a ganar la artrosis.
  • Page 8585 -No es machismo, amor, podes sacarte y guardarla en el freezer como hacen tantas mujeres. Ya sé que es un incordio, pero es un esfuerzo de un año, pasa rápido. Hacelo por Alvarito...
  • Page 8686 vueltas tenía que ser impar según Lidia. Una era muy poco, dos no valía, siempre eran 3 o más. Un Ford planchado pasa con las ventanillas bajas y ese reggaetón o reguetón, como sea que le llamen, a todo volumen. Dos señoras de mi edad se acercan caminando del brazo.
  • ÍndicePRÓLOGO ANDREA VECINO
  • Page 8888 El presente volumen de libre circulación se terminó de editar en Diciembre de 2023. Excepto las imágenes que fueron descargadas de internet, todos los derechos pertenecen a sus autoras: Vecino A., Gerez M.G y Pasquini M. Queda terminantemente prohibida su venta y/o modificación.
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Índice

  • PRÓLOGO
  • ANDREA VECINO
  • Un mal sueño
  • Sin cenar
  • La tía María Elena
  • Manifestarle al universo
  • De amor
  • De asistencia obligatoria
  • Alicia
  • Aurora
  • MARÍA GIMENA GEREZ
  • Así son las cosas
  • Angelito
  • Fucking Pandemia
  • La Pastalinda
  • Falcon rojo
  • Nefasto paraíso
  • Bitácora de una mujer longeva
  • MARIELA PASQUINI
  • Costanera
  • Bugatti verde
  • El centinela
  • Tríada
  • Agua salada
  • Orillas ajenas