LOS VILLARROEL PÁEZ
Una familia construida con amor, alegría y mucha complicidad
Si algo caracteriza el hogar de Pao y Andrés es el amor. Un amor que se demuestra con el afecto físico, los detalles, las comidas, las risas, las fiestas con sus amigos de toda la vida, con quienes han compartido más de 20 años de amistad, y esa manera tan especial que tiene Pao de consentir a todos en la casa.
Damos gracias a Dios por los 20 años de matrimonio que Andrés pudo compartir con una mujer que lo amó hasta el infinito, por la hermosa familia que construyeron juntos y por la alegría de ver crecer a sus dos hijos: Samuel, de 20 años, e Isabella, de 17.
Samuel siempre ha dicho que sus papás son la pareja perfecta. E Isabella dice que siempre ha visto cómo sus papás se querían, cómo se demostraban cariño y cómo disfrutaban estar juntos. Porque Pao y Andrés no solo fueron esposos y papás: siempre fueron el alma de la fiesta, en las reuniones con amigos, en la iglesia y en cualquier lugar donde estuvieran.
Pao fue una mamá joven de edad y de espíritu, alegre, divertida, amorosa y profundamente consentidora. Con Samuel, su lenguaje de amor era la comida: prepararle todo lo que le gustaba, cumplirle sus antojos y consentirlo de todas las maneras posibles.
Y con Isabella, tuvo esa conexión femenina entre mamá e hija que también se convierte en amistad. Desde sus juegos de niña hasta esta nueva etapa de universidad, compartieron conversaciones, gustos, ropa, salidas y esos momentos especiales entre las dos mujeres de la casa.
Pao les enseñó con su propia vida a no tener miedo, a ser valientes, a disfrutar cada momento, a reírse, a bailar y a vivir con alegría. Pero, sobre todo, les mostró que vale la pena amar profundamente, demostrar el cariño y construir una vida feliz al lado de la persona que uno ama.