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29 de octubre de 1979 — 8 de octubre de 2026
Un pacto de amor
Su historia comenzó siendo muy jóvenes, cuando todavía estaban terminando la universidad y tenían tantos sueños por delante. El 18 de febrero de 2006 decidieron unir sus vidas y comenzar una aventura que construirían juntos, de la mano de Dios.
Y si algo caracterizó a Pao y Andrés fue que nunca dejaron de disfrutar la vida juntos.
Les encantaba bailar, salir de rumba, viajar, reunirse con sus amigos, compartir un partido y encontrar cualquier excusa para pasarla bien. Eran de esas parejas que disfrutaban tanto de los grandes momentos como de los planes más sencillos. Siempre alegres, divertidos y con ese espíritu joven que los acompañó a lo largo de los años.
Su historia también estuvo marcada por la fe. Juntos construyeron un matrimonio con Dios en el centro y encontraron una manera hermosa de compartir lo aprendido: sirviendo a otras parejas en el ministerio de matrimonios de su iglesia.
20 años de amor, complicidad, aventuras, risas, sueños y una vida construida de la mano de Dios. Una historia llena de momentos compartidos, de amigos que se volvieron familia, de viajes, celebraciones y recuerdos que siempre serán parte de quienes tuvieron la alegría de vivirlos a su lado.
“Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos.” Cantares 8:7
Servir juntos al Señor fortaleció nuestro matrimonio y nos enseñó que, caminando de Su mano, podíamos crecer en el amor y buscar juntos la santidad.
Nuestro servicio en la Pastoral Familiar de la Parroquia La Sagrada Eucaristía, como catequistas prematrimoniales en la Vicaría Cristo Sacerdote y como parte del grupo Esposos Caná de la Arquidiócesis de Bogotá, nos permitió acompañar y evangelizar a otras parejas, mientras seguíamos fortaleciendo nuestra propia fe y nuestro amor.
«Y cordón de tres dobleces no se rompe pronto». Eclesiastés 4:12
Una familia construida con amor, alegría y mucha complicidad
Si algo caracteriza el hogar de Pao y Andrés es el amor. Un amor que se demuestra con el afecto físico, los detalles, las comidas, las risas, las fiestas con sus amigos de toda la vida, con quienes han compartido más de 20 años de amistad, y esa manera tan especial que tiene Pao de consentir a todos en la casa.
Damos gracias a Dios por los 20 años de matrimonio que Andrés pudo compartir con una mujer que lo amó hasta el infinito, por la hermosa familia que construyeron juntos y por la alegría de ver crecer a sus dos hijos: Samuel, de 20 años, e Isabella, de 17.
Samuel siempre ha dicho que sus papás son la pareja perfecta. E Isabella dice que siempre ha visto cómo sus papás se querían, cómo se demostraban cariño y cómo disfrutaban estar juntos. Porque Pao y Andrés no solo fueron esposos y papás: siempre fueron el alma de la fiesta, en las reuniones con amigos, en la iglesia y en cualquier lugar donde estuvieran.
Pao fue una mamá joven de edad y de espíritu, alegre, divertida, amorosa y profundamente consentidora. Con Samuel, su lenguaje de amor era la comida: prepararle todo lo que le gustaba, cumplirle sus antojos y consentirlo de todas las maneras posibles.
Y con Isabella, tuvo esa conexión femenina entre mamá e hija que también se convierte en amistad. Desde sus juegos de niña hasta esta nueva etapa de universidad, compartieron conversaciones, gustos, ropa, salidas y esos momentos especiales entre las dos mujeres de la casa.
Pao les enseñó con su propia vida a no tener miedo, a ser valientes, a disfrutar cada momento, a reírse, a bailar y a vivir con alegría. Pero, sobre todo, les mostró que vale la pena amar profundamente, demostrar el cariño y construir una vida feliz al lado de la persona que uno ama.
SAMI
ISA
Janeth es una mujer de una fortaleza admirable. La menor de nueve hermanos, una mujer trabajadora que hizo su carrera en la Fiscalía, valiente, entregada a su familia y con una fe inquebrantable que la acompañó incluso en los momentos más difíciles.
Pero, entre todos sus logros y las muchas cosas que construyó en su vida, su tesoro más grande siempre fue Pao.
Janeth dedicó su vida a amar, cuidar y acompañar a su hija. Fue su apoyo, su refugio y esa mamá siempre presente, dispuesta a hacer todo lo que estuviera a su alcance por verla feliz.
Y cuando llegaron Samuel e Isabella, ese amor se multiplicó. Janeth se convirtió en una abuela amorosa y consentidora, feliz de acompañarlos, cuidarlos y ser parte de sus vidas.
Hasta el último momento, Janeth estuvo al lado de Pao con una fortaleza que conmueve. Su fe en Dios nunca se quebrantó, y su amor de mamá estuvo presente en cada oración, cada caricia y cada instante compartido.
Porque hay amores que no necesitan explicarse, y el de Janeth por Pao es uno de ellos. Un amor inmenso, generoso e incondicional, de esos que acompañan toda la vida y permanecen para siempre.
La familia que se elige
Si había una Navidad, una reunión familiar o cualquier excusa para juntarnos, seguramente Pao ya estaba pensando en cómo organizarla y a dónde viajar. Porque para ella la familia era eso: estar juntos, compartir, reírnos y disfrutar de estar en familia.
Y si había comida, ¡mucho mejor! Sus sancochos y sus fríjoles eran famosos en la familia. Le encantaba cocinar para todos, consentirnos y asegurarse de que nadie se quedara sin repetir.
Era la tía divertida, la que se gozaba los planes con sus sobrinos. La madrina amorosa y vanidosa de Ana Belén, siempre lista para consentirla y compartir con ella ese gusto por arreglarse y verse bonitas.
Con Alejandro también construyó una relación hermosa de cuñados. Pao siempre lo recibía con los brazos abiertos y encontraba la manera de consentirlo, especialmente preparándole sus comidas favoritas. Era una de esas formas tan suyas de demostrar cariño.
Para Angélica, desde la universidad, Pao siempre fue esa hermana y amiga con quien compartir la vida, las alegrías y también los momentos difíciles.
Y, por supuesto, estaban sus queridos «suegrita» y «suegrito», como cariñosamente llamaba a los papás de Andrés. Porque Pao tenía esa forma tan suya de hacer sentir a todos queridos y especiales.
Para Daniel, Pao era como una hermana más. Ella lo llamaba cariñosamente «cuñadito», y entre los dos había una relación muy especial, llena de confianza y mucho cariño.
Junto a Andrés nos regaló dos sobrinos y nietos maravillosos. Y con ella también llegó Janeth, su mamá, una mujer increíble que se convirtió en parte de nuestra familia.
Las reuniones familiares nunca volverán a ser lo mismo sin Pao. Nos hará falta su alegría, sus ocurrencias, sus comidas y esa manera tan suya de reunirnos a todos.
¡Qué alegría haber sido tu familia, Pao! Qué regalo tan grande que hayas sido parte de la nuestra y, sobre todo, gracias por haber amado a Andrés como lo amaste.
Una familia, un amor para toda la vida
A través de Janeth, Pao recibió uno de los regalos más hermosos de la vida: una familia grande, unida y llena de amor. Nueve tíos y tías, muchos primos y primas, y toda una historia familiar construida sobre el cariño, la unión y los valores que siempre los han acompañado.
Pao creció rodeada de ese amor. Entre Cali y otras ciudades, compartió su infancia y juventud con sus primos, creando recuerdos, historias y vínculos que se hicieron más fuertes con los años.
Cada encuentro familiar era motivo de alegría, una oportunidad para volver a estar juntos, celebrar y disfrutar de esa familia tan especial. Sus tíos y tías siempre la miraron con un cariño inmenso.
La consintieron, la acompañaron y estuvieron pendientes de ella durante toda su vida. Y ese amor también se extendió a Andrés, Samuel e Isabella, a quienes recibieron con los brazos abiertos y acogieron como parte de esa gran familia.
Pao deja su corazón en tantos recuerdos que hoy atesora su familia: su risa en los almuerzos donde las tías, las escapadas con sus primas y cada ocasión que inventaba para reunirlos y disfrutar de estar juntos.
Porque así era Pao: sinónimo de unión, amor, alegría y berraquera. Una mujer extraordinaria, valiente y llena de vida, que siempre encontró motivos para celebrar y compartir con los que amaba.
Pero quizás una de las muestras más hermosas de lo que significa esta familia fue verlos unidos alrededor de Pao hasta el último momento. Cada uno, a su manera, estuvo presente: acompañándola, abrazándola, dándole ánimo, orando con ella y agradeciéndole por tantos años de amor y momentos compartidos.
Y en medio de todo, hay una bendición enorme: Andrés, Samuel e Isabella tienen una familia maravillosa que los ama, que los abraza y que seguirá caminando a su lado. Ese es también uno de los regalos más grandes que Pao les deja: unas raíces profundas, una historia llena de amor y una familia que siempre será suya.
Paola Páez
El 26 de octubre de 2006, Pao comenzó su historia en la Fiscalía General de la Nación como investigadora criminal. Casi 20 años después, en septiembre de 2026, cuando tuvo que ser hospitalizada, continuaba ejerciendo con el mismo amor y compromiso de siempre, como profesional especializada en la Dirección del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI).
Pao amaba su trabajo como investigadora de policía judicial. Lo que para muchos podía resultar estresante o agotador, para ella era una fuente inagotable de energía, entusiasmo y pasión. Disfrutaba los retos, los operativos, las investigaciones y cada oportunidad de aportar desde su profesión.
A lo largo de su carrera participó en numerosos operativos a nivel nacional y asumió la responsabilidad de liderar un equipo regional. Fue una mujer valiente, comprometida y entregada a su trabajo, al que dedicó la misma pasión y el mismo corazón que a su familia.
La Fiscalía fue mucho más que su lugar de trabajo. Allí creció profesionalmente, enfrentó grandes desafíos, construyó amistades y encontró un equipo humano maravilloso con el que compartió una parte muy importante de su vida.
A sus compañeros de equipo, gracias de corazón. Gracias por su lealtad, por su servicio, por tantas jornadas compartidas, por su amistad y por haber sido ese equipo incansable que Pao tanto quiso. Que Dios bendiga a cada uno de ustedes y a sus familias.
Sus compañeros le demostraron que ese cariño era mutuo, acompañándola con amor y lealtad hasta el último momento.
A sus líderes, gracias por confiar en ella, por reconocer sus capacidades, por darle oportunidades para crecer dentro de la Fiscalía y, especialmente, por acompañarla con tanto cariño hasta el final.
Pao encontró en su profesión una fuente inmensa de felicidad. Trabajó con orgullo, con valentía y con una entrega que siempre la caracterizó.
Pao deja a sus hijos un legado hermoso: hacer en la vida lo que nos apasiona, disfrutar nuestro trabajo y poner nuestros talentos al servicio de Dios, de los demás y de nuestro país.
Gracias, familia del CTI, por haber sido parte de la vida de Pao y por todo el amor que le entregaron.
Gracias por tu vida, Pao, y por toda la vida que nos diste