By adnjoven
Tampoco estará el novio de mi hermana que pisó un sendero de hormigas y mató a unas cuantas para burlarse de mí. Su castigo va a ser caer primero del mundo del tomate y ser comido por un sendero de hormigas para ser llevado a los laberintos del hormiguero.
El poder invencible del tomate hará zigzaguear (no, hará tambalear_) el universo. Pero yo controlaré el universo porque haré crecer el tomate para vengarme de la humanidad.
Inventaré un reino nuevo donde yo sea la princesa mayor y venga el príncipe durmiente que nacerá de una semilla de tomate. Y todos los animales nos rendirán homenaje y nos obedecerán. Las hormigas serán el cortejo real y nos construirán un castillo con muchos laberintos para perdernos con el príncipe en los caminos interiores hasta encontrar los hijos que sean herederos del universo del tomate.
Nadie más que yo conocerá los sectores encerrados en el reino del tomate (ni siquiera el príncipe durmiente), de este tomate que plantaré aquí, en este cantero_ del jardín donde hay un rosal, un limonero y otro rosal. Lo tapo con un poco de tierra y le echaré agua para que crezca, crezca y crezca. ¡Ah! no, primero lo abriré para sacar una semilla que me la guardaré en el bolsillo. Esa es la semilla de donde nacerá el príncipe durmiente.
Y ahora que planté un tomate destruiré los otros que mi mamá me mandó comprar en la feria para que nadie, nadie pueda plantar otro tomate y me alcance en mi vuelo por el universo.
Aplasto este tomate, y éste y éste. Los trituro y los desparramo por el jardín, los corto en pedacitos para que nadie iguale mis poderes mágicos.
—Deborah, ¿qué haces con esos tomates?
—Los destrozo, para que nadie se interponga en mi mundo.
—Pero ¿qué es eso? Traéme esos tomates para acá. ¡infierno, ahora vas a ver.
HUGO MARTINEZ DE LEON