MALVINAS, LA HISTORIA DOCUMENTADA
El rearme argentino de fines de la década del setenta nanalista militar argentino, cuyas opiniones le redo que el adiestramiento (no el coraje) de sus soldados-en su ma-
Un escribio un documenta de paso en que sostenia que un yorla conscriptos, salvo excepciones, era de regular para abaja
Ematerial estratégico necesario para mantener en operación las unidades de las distintas fuerzas fue sbjeto de una intensa búsqueda en mercados internacionales, ya que el embargo impuesto por los Estados Unidos dificultate las adquisiciones En la de le brigade V. con un despliegue de bombas y cuterie de su armamento habitual
Super Etendard de construcción francese, que ataco al destructur británico "Sheffield el de mayo de 1982 con misiles Exocet pais debe prepararse durante largos años para la eventualidad de una guerra, la que -en la modernidad- suele ser muy breve. Setenta años para siete dias es el titulo de la obra, y su autor, ya fallecido, el teniente coronel (R) Néstor Cruces. En ella se destaca que cuando se produce el conflicto ya no hay tiempo para nada, y si hay que combatir, habrá que hacerlo con aquello de lo que se disponga.
Se puede decir que, para el enfrentamiento por las islas Malvi- nas, en lo militar, las fuerzas argentinas sí tenían alguna reserva de armamentos y logistica disponible. Y eso obedeció a dos causas:
1) A que históricamente, y más allá de toda otra considera- ción politica, las estadísticas demuestran que los gobiernos mili- tares siempre han gastado más en defensa que los democráticos.
2) El particular momento histórico que se vivía, puesto que la reciente casi guerra con el vecino Chile en 1978 había puesto su acento en las compras de material bélico, así como en la repo- tenciación y modernización del existente en los arsenales de las Fuerzas Armadas
Con respecto a los militares argentinos que fueron a Mal- vinas, faltos de experiencia real de combate en más de un siglo, tenían diversos grados de preparación profesional, y es reconoci
Esta última calificación era especialmente válida para el Ejército, cuyo sistema de reclutamiento dependia básicamente de la incor- poración anual al servicio militar obligatorio.
La Armada, por su parte, enrolaba a los conscriptos para su instrucción y formación por un período de dos años, lo que les brindaba mayores posibilidades de preparación para el combate. En cuanto a la Fuerza Aérea -la más joven de las armas, y la que tuvo su verdadero bautismo de fuego precisamente en Malvinas-, si bien seguía luchando por modernizar su equipamiento, era sin dudas la de más alto nivel profesional, en especial sus pilotos de combate. Ellos (y lo mismo puede decirse de los de la aviación naval) podían disponer del material en uso para un entrenamiento intensivo, porque aquel se componía de elementos relativamente pequeños. Para el tiempo en que se desató la guerra, constituian un abigarrado lote de jóvenes capacitados, como lo demostrarian luego, a la hora de la verdad, en el combate. Es cierto que el precio que pagaron en bajas fue decididamente elevado, pero, como se verá más adelante, el daño causado al enemigo por la combina ción Fuerza Aérea - aviación naval fue impresionante.
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