S2002
El Secreto dd Poder de la Oración den que está sentado a la diestra de Dios, y sepan que "juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestia- les. Yo veo de manera muy clara por qué la rama obtiene todo lo que necesita mientras permanece en el tronco, pues todo lo que necesita se encuentra anticipadamente en el tronco, y está colocado allí para dar- selo a la rama. ¿Qué cosa adicional a lo que el tronco puede suminis- trarle necesita el pámpano? Si necesitara más no podría obtenerlo; pues no tiene otros medios de vida excepto sorber su vida del tronco. Oh, mi precioso Señor, si yo necesito algo que no está en Ti, deseo en- tonces estar siempre sin eso. Yo deseo que se me niegue cualquier de- seo que se desvie de Ti. Pero si el cumplimiento de mi deseo ya está en Ti para mí, ¿por qué habría de ir a otra parte? Tú eres mi todo; ¿dónde más deberia buscar?
Amados hermanos, "Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y el buen agrado del Padre es también nuestro buen agrado: nos alegra obtenerlo todo de Jesús. Estamos seguros que no importa lo que pidamos, lo obtendremos, puesto que El lo tiene listo para nosotros.
La siguiente razón para esto es, la riqueza de la Palabra de Dios. Absorban este pensamiento, "Si mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." El mejor hombre de ora- ción es aquél que más cree y está más familiarizado con las promesas de Dios. Después de todo, la oración no es otra cosa que llevar las promesas de Dios a El mismo, y decirle: "Haz así como has dicho." La oración es la promesa utilizada. Una oración que no esté basada en una promesa no tiene un cimiento verdadero.
Si yo voy al banco y no llevo ningún cheque, no puedo esperar con- seguir algún dinero; es la "orden de pago" fa que constituye mi poder dentro del banco, y mi garantía por la que espero recibirlo. Ustedes que tienen las palabras de Cristo permaneciendo en ustedes, están equipados con aquellas cosas que el Señor considera con atención. Si la Palabra de Dios permanece en ti, entonces tú eres el hombre que puede orar, porque te diriges al grandioso Dios con Sus propias pala- bras, y así vences a la omnipotencia con omnipotencia. Pon tu dedo exactamente sobre las líneas que dicen, "Haz asi como has dicho." Es- ta es la mejor oración de todo el mundo.
Oh, amados hermanos, sean llenos de la Palabra de Dios. Estudien lo que ha dicho Jesús, lo que el Espíritu Santo ha dejado registrado en este Libro inspirado divinamente, y en proporción a la medida en que se alimenten de la Palabra, y sean llenos de la Palabra, y retengan la Palabra en fe, y obedezcan la Palabra en sus vidas, en esa proporción serán diestros en el arte de la oración. Tú habrás adquirido habilidad como luchador con el ángel del pacto en la medida en que puedas ar- gumentar las promesas de tu fiel Dios. Instruyete bien en las doctrinas de la gracia, y deja que la palabra de Cristo permanezca en ti ricamen- te, para que sepas cómo prevalecer ante el trono de la gracia. Perma- necer en Cristo y que Sus palabras permanezcan en ti, puede compa- rarse a la mano derecha y a la mano izquierda de Moisés, que fueron sostenidas en alto en oración, de tal manera que Amalec fue deshecho, Israel fue liberado, y Dios fue glorificado.
Vayamos un poco más adelante: ustedes todavía podrían decir que no ven muy claro por qué a un hombre que permanece en Cristo, y en quien permanecen las palabras de Cristo, se le pueda permitir que pi- da lo que quiera, y le será hecho. Te responde de nuevo: es así, porque en un hombre de ese tipo hay una predominancia de gracia que origina Volume 34 Serm #3002
Además, un hombre así posee al Espíritu de Dios habitando en él. Si permanecemos en Cristo, y Sus palabras permanecen en nosotros, en- tonces el Espíritu Santo ha llegado y ha establecido residencia en no- sotros; y qué mejor ayuda en la oración podríamos tener? ¿No es algo maravilloso que el propio Espiritu Santo interceda por los santos de conformidad a la voluntad de Dios? El "mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles." ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espiritu de Dios y El obra en noso- tros el querer lo que Dios quiere, de tal forma que la oración de un creyente es el propósito de Dios reflejado en el alma como en un espe- jo.
Los eternos decretos de Dios proyectan sus sombras sobre los cora- zones de los hombres piadosos en forma de oración. Lo que Dios inten- ta hacer se lo dice a Sus siervos cuando los inclina a pedirles que hagan lo que El mismo ha resuelto hacer. Dios dice, "Yo haré esto"; pero luego añade, "Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto. ¡Cuán claro es que si permanecemos en Cristo, y Sus palabras permanecen en nosotros, podemos pedir lo que queramos! Pues sólo pediremos lo que el Espiritu de Dios nos mueva a pedir; y seria imposible que Dios el Espiritu Santo y Dios el Padre tuvieran propósitos contradictorios entre sí. Lo que uno impulsa a pedir, el otro con toda seguridad ha decidido otorgar."
Se me acaba de ocurrir un pensamiento al que debo regresar por un instante. Amados hermanos, ¿no saben ustedes que cuando permane- cemos en Cristo, y Sus palabras permanecen en nosotros, el Padre nos mira con la misma mirada con que ve a Su amado Hijo? Cristo es la vid, y la vid incluye las ramas. Los pámpanos son una parte de la vid. Dios, por lo tanto, nos mira como parte de Cristo, miembros de Su cuerpo, de Su carne, y de Sus huesos. El amor del Padre por Jesús es tal que no le niega nada. El fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz; por eso lo ama el Padre, como Dios-hombre Mediador, y El le da- rá todo lo que le pida. ¿Y es verdaderamente así, que cuando tú y yo permanecemos en una unión real con Cristo, el Señor Dios nos mira de la misma manera que ve a Jesús, y nos dice: "No les negaré nada; pedid todo lo que queréis, y os será hecho"? Asi entiendo yo el texto.
Les llamo la atención al hecho que en ese mismo capítulo quince, en versículo nueve, que leímos el día de hoy, dice así: "Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado." El mismo amor que Dios siente por Su Hijo, el Hijo siente por nosotros; y por lo tanto habita- mos en el amor del Padre y del Hijo. ¿Cómo pueden ser rechazadas nuestras oraciones? ¿Acaso el amor infinito no tendrá respeto por nuestras peticiones?
Oh, amado hermano en Cristo, si tus oraciones no son recibidas en el trono, debes sospechar que hay algún pecado que lo está impidien- do: el amor de tu Padre considera necesario disciplinarte de esta ma- nera. Si no permaneces en Cristo, ¿cómo puedes esperar orar exitosa- mente? Si escoges Sus palabras, y tienes dudas de esto, y de lo otro, ¿cómo puedes esperar tener aceptación ante el trono? Si eres inten- cionalmente desobediente a cualquiera de Sus palabras, ¿no será esto la causa de que fracases en la oración? Pero si permaneces en Cristo, y te aferras con firmeza a Sus palabras, y eres plenamente Su discipu- lo, entonces Él te escuchará
Si estás sentado a los pies de Jesús, escuchando Sus palabras, puedes levantar tus ojos a Su amado rostro, y decir: "Mi Señor, escu- chame ahora"; y El te responderá lleno de gracia: El te dirá: "En tiem- Vol 34
El Secreto del Poder de la Oraci en él una voluntad renovada, que es conforme a la voluntad de Dios. Supongan que un hombre de Dios está en oración, y piensa que tal y tal cosa es deseable, pero sin embargo recuerda que él no es nada sino solamente un bebé en la presencia de su sabio Padre, y asi somete su voluntad y pide como favor ser enseñado en cuanto a qué pedir.
Aunque Dios le ordena que pida lo que quiera, él se encoge y clama, "Mi Señor, aqui tengo una petición de la cual no estoy muy claro. En la medida de mi juicio es una cosa deseable, y la quiero; pero Señor, no estoy capacitado para juzgar por mí mismo, y por tanto fe ruego, no sea conforme mi voluntad, sino la tuya." ¿No ven que, cuando estamos en una condición así como esta, nuestra voluntad real es la voluntad de Dios? En lo profundo de nuestros corazones, queremos únicamente eso que el propio Señor quiere; y ¿qué es esto sino pedir lo que quere- mos, y nos es hecho?
Para Dios es seguro decir al alma santificada, "pide todo lo que quieras, y te será hecho." Los instintos celestiales de ese hombre lo guían correctamente; la gracia que está en su alma derriba todas las sórdidas concupiscencias y los deseos impuros, y su voluntad es la sombra real de la voluntad de Dios. La vida espiritual domina en él, de tal forma que sus aspiraciones son santas, celestiales, a semejanza de Dios. El ha sido hecho participe de la naturaleza divina; y así como un hijo es semejante a su padre, asi ahora en deseo y voluntad él es uno con Dios. Como el eco responde a la voz, así el corazón regenerado hace eco a la mente del Señor. Nuestro deseos son rayos que reflejan la voluntad divina: pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
Ustedes pueden ver claramente que el Dios santo no puede tomar a un hombre común de la calle y decirle: "Yo te voy a dar lo que quie- ras. ¿Qué pediría ese hombre? Pediria una buena copa de licor, o permiso para disfrutar sus deseos perversos. Sería muy inseguro con- fiar a la mayoría de los hombres este permiso. Pero cuando el Señor ha tomado a un hombre y lo ha hecho nuevo, y lo ha revivido a una nove- dad de vida, y lo ha formado en la imagen de Su amado Hijo, ¡entonces puede confiar en ese hombre!
Miren, el Padre grandioso nos trata en nuestra medida como trata a Su Unigénito. Jesus pudo decir: "Yo sabía que siempre me oyes"; y el Señor nos está educando para que tengamos esa misma seguridad. Podemos afirmar con alguien que decía hace mucho tiempo, el Dios mio me oirá." ¿Acaso no se les hace agua la boca por este privilegio de una oración que prevalece? ¿Acaso no anhelan sus corazones alcanzar esto? Es mediante la santidad, es mediante la unión con Cristo, es por medio de permanecer de forma continua en El y de aferrarse de mane- ra obediente a Su verdad, que van a alcanzar este privilegio. Miren el único camino seguro y verdadero. Cuando se ha caminado ese camino una vez, es una vía segura y eficaz para ganar un poder sustancial en la oración.
Me falta mucho todavía para terminar. Un hombre tendrá éxito en la oración cuando su fe sea poderosa; y este es el caso de los que per- manecen en Jesús. La fe es la que prevalece en la oración. La elocuen- cia real en la oración es un deseo que cree. "Al que cree todo le es po- sible. Un hombre que permanece en Cristo y las palabras de Cristo permanecen en él, es eminentemente un creyente, y por consiguiente es eminentemente exitoso en la oración. Ciertamente tiene una fe po- derosa, pues su fe lo ha llevado a un contacto vital con Cristo, y por lo tanto está junto a la fuente de toda bendición, y puede beber de ese pozo hasta la saciedad.
El Secreto del Poder de la Oraci po aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. Pideme lo que quieras, y te será hecho." ¡Oh, que recibiéramos poder del pro- piciatorio!
Amados amigos, no lean este sermón para luego olvidarse de él. Traten verdaderamente de alcanzar este lugar de influencia ilimitada. ¡Qué iglesia tendríamos si todos ustedes fueran poderosos en oración! Amados hijos de Dios ¿quieren estar muertos de hambre? Amados hermanos, ¿desean ser hijos pobres, babeantes, débiles, que nunca madurarán para convertirse en hombres? Se los suplico, aspiren a ser fuertes en el Señor, y a gozar de este elevadísimo privilegio. ¡Qué ejér- cito conformarían ustedes, si todos tuvieran este poder con Dios en la oración! ¡Hijos de Dios, este poder está a su alcance! Solamente per- manezcan en Cristo, y dejen que Sus palabras permanezcan en uste- des, y entonces este privilegio especial será de ustedes. Estas no son tareas fastidiosas, sino que en sí mismas son un gozo. Vayan tras ellas con todo su corazón, y luego recibirán esto por añadidura, que pedirán lo que quieran y les será hecho.
Desafortunadamente, para una porción de esta congregación mi texto no les dice nada; pues algunos de ustedes ni siquiera están en Cristo, y por tanto no pueden permanecer en El. Oh, señores, ¿qué podré decirles? Me parece que se están perdiendo del verdadero cielo desde ahora mismo. Si no existiera el infierno después de esta vida, es suficiente infierno no conocer a Cristo ahora, no saber lo que es preva- lecer con Dios en la oración, no conocer el privilegio selecto de perma- necer en El, y que Sus palabras permanezcan en ustedes.
La prioridad para ustedes es que crean en Jesucristo para salvación de sus almas, entregando sus almas para que sean lavadas por El, y sus vidas para que sean gobernadas por El. Dios lo ha enviado a El como un Salvador, acéptenlo. Recibanlo como su Maestro; sométanse a El como su Señor. Que Su Espiritu lleno de gracia venga y haga esta obra en ustedes ahora; después de esto, pero no antes, pueden aspirar a este honor. Antes que nada, "Tienen que nacer de nuevo. Yo no puedo decirles ahora, en la condición en que se encuentran: "Crez- can, pues sólo crecerán para ser mayores pecadores.
No importa cuánto se desarrollen, sólo desarrollarán lo que hay de- ntro de ustedes: y esto quiere decir que el heredero de la ira se conver- tirá más y más en un hijo del mal. Deben ser hechos nuevos en Cristo: debe haber un cambio absoluto, una reversión de todas las corrientes de la naturaleza, tienen que ser hechos nuevas criaturas en Cristo Je- sús; y luego pueden aspirar a permanecer en Cristo, y dejar que Sus palabras permanezcan en ustedes, y la consecuente gracia de prevale- cer con Dios en oración será de ustedes.
Señor misericordioso, ayúdanos esta mañana. Somos unas pobres criaturas, sólo podemos quedarnos a tus pies. ¡Ven Tú, elévanos a Ti, por Tu misericordia! Amén.
Oren diariamente por los hermanos Allan Roman y Thomas Montgomery, en la Ciudad de México. Oren porque el Espiritu Santo de nuestro Señor los fortifique y anime en su esfuerzo por traducir los sermones del Hermano Spurgeon al español y ponerlos en Internet.