Sermin #2002
Volume 34
Sermin #2002
El Secreto del Poder de la lo que yo quisiera, y recibirlo. El hombre que prevalece en la oración es quien puede predicar exitosamente, pues puede prevalecer ante los hombres por Dios cuando ya ha prevalecido ante Dios por los hom- bres. Este es el hombre que puede enfrentar las dificultades del cami- no de la vida; pues, ¿qué lo puede desconcertar cuando puede llevarlo todo delante de Dios en oración? Un hombre así o una mujer así en una iglesia, valen más que diez mil de nosotros, que somos gente co- mún. En ellos encontramos la grandeza de los cielos.
En medio de ellos se encuentran los hombres en quienes se cumple el propósito de Dios concerniente al hombre, a quien creó para que dominara sobre todas las obras de Sus manos. El sello de la soberania está estampado en las frentes de estos hombres: ellos dan forma a la historia de las naciones, ellos guían la corriente de eventos a través de su poder en lo alto. Vemos que todas las cosas han sido sujetadas a Jesus por el propósito divino, y conforme nos elevamos a esa imagen, nosotros también somos vestidos con dominio, y somos hechos reyes y sacerdotes para Dios.
Contemplen a Elias, con las llaves de la lluvia balanceándose en su cinturón: el puede cerrar o abrir las ventanas de los cielos! Hay hom- bres como él que viven en nuestra época. Aspiren a ser hombres y mu- jeres así, se los suplico, para que el texto se cumpla para ustedes. "Pe- did todo lo que queréis, y os será hecho."
El texto parece implicar que, si alcanzamos este punto de privilegio, el don será a perpetuidad: "pedid," pedid siempre; nunca dejarán de pedir, pero pedirán exitosamente, pues "pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Aquí encontramos el don de la oración continua. No es pa- ra la semana de oración, ni para la conferencia mensual, ni para uñas pocas ocasiones especiales que ustedes prevalecerán en la oración; pe- ro ustedes poseerán este poder con Dios en tanto que ustedes perma- nezcan en Cristo, y Sus palabras permanezcan en ustedes. Dios pon- drá Su omnipotencia, a la disposición de ustedes: El presentará Su Deidad para cumplir los deseos que Su propio Espiritu ha obrado en ustedes.
Yo quisiera lograr que esta joya brille ante los ojos de todos los san- tos hasta que puedan exclamar: "joh, que pudiéramos tener eso!" Este poder de la oración es como la espada de Goliat: cada David puede de- cir sabiamente: "Ninguna como ella; dámela." El arma de fa oración continua bate al enemigo, y, al mismo tiempo, enriquece a su poseedor con toda la riqueza de Dios. ¿Cómo podría faltarle algo a aquel a quien el Señor le ha dicho: "Pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Oh, vamos, busquemos esta bendición. Escuchen, y aprendan el camino. Siganme, mientras yo les señalo el camino utilizando la luz del texto. ¡Que el Señor nos guíe en él por Su Santo Espiritu!
II. El privilegio de una poderosa vida de oración: ¿CÓMO PUEDE OBTENERSE? La respuesta es, "Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros. Aquí encontramos los dos pies con los cua- fes subimos al poder de Dios en la oración.
Amados hermanos, la primera línea nos dice que debemos permane- cer en Cristo Jesús nuestro Señor. Se da por un hecho que ya estamos en El. Espero que pueda darse por un hecho en tu caso, amado lector. Si es así, debes permanecer allí donde estás. Como creyentes debemos quedarnos tenazmente aferrados a Jesús, Enlazados vivamente a Je- sús. Debemos permanecer en El, confiando siempre en El, y única- mente en El, con la misma fe sencilla que nos unió a El la primera vez.
Nunca debemos darle cabida en la confianza de nuestro corazón a ninguna otra cosa ni a ninguna otra persona como para que sea nues-
No se rebelen por algo que tengan que sufrir por causa de la mano amada de su Padre celestial, quien es el labrador de la viña. No, sino que se deben aferrar a Jesús todavía más.
Digan: "Corta, Señor, corta hasta dejarme en carne viva si quieres; pero yo me voy a aferrar a Ti. ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Si, deben aferrarse a Jesús cuando el cuchillo de podar esté en Su mano, y asi "pedid todo lo que queréis, y os será hecho."
Tienen que esforzarse también para que, cuando la operación de limpieza esté terminada ustedes todavía se aferren a su Señor, Obser- ven el tercer versiculo: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros." Permanezcan después de la limpieza allí donde estaban antes de la limpieza. Cuando ustedes sean santificados, permanezcan allí donde estaban cuando fueron justificados al principio.
Cuando veas que la obra del Espiritu Santo se incrementa en ti, no permitas que el diablo te tiente para que te jactes de que ahora eres alguien, y que no necesitas venir a Jesús como un pobre pecador, y confiar únicamente en Su preciosa sangre para salvación. Permanece quieto en Jesús. Así como estuviste en El cuando el cuchillo te cortó, mantente en El ahora que las tiernas uvas comienzan a formarse.
No te digas a ti mismo, "iqué rama tan fructifera soy yo! ¡Cuán grandemente adorno la vid! ¡Ahora estoy lleno de vigor!" No eres nada y no eres nadie. Solamente cuando permaneces en Cristo eres una pizca mejor que la madera de desecho que es quemada en el fuego. ¿Pero acaso no progresamos?" Si, crecemos, però es porque permane cemos: nunca nos alejamos ni una pulgada, permanecemos en El; o, si no, somos arrojados y nos marchitamos. Toda nuestra esperanza des- cansa en Jesús, tanto en los mejores tiempos como en los peores. Je- sús dijo: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros."
Permanezcan en El en relación a toda la fecundidad de ustedes. "Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permane- ce en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mi." "Enton- ces aquí hay algo que yo debo hacer," exclama alguien. Ciertamente tienes que hacer algo, pero no aparte de Jesús. El pámpano tiene que llevar fruto; pero sí el pámpano se imagina que va a producir un raci- mo, o tan siquiera una uva, por sí mismo, está completamente equivo- cado. El fruto del pámpano debe brotar del tronco.
El trabajo de ustedes para Cristo debe ser la obra de Cristo en uste- des, o de lo contrario no será bueno para nada. Les ruego que analicen esto. Su enseñanza en la escuela dominical, su predicación, o cual- quier cosa que hagan, deben hacerla en Cristo Jesús. Ustedes no pue- den ganar almas por medio de su talento natural, ni pueden salvar hombres mediante, planes inventados por ustedes mismos. Tengan mucho cuidado de los esquemas caseros. Hagan por Jesús lo que Je- sús les ordena que hagan. Recuerden que nuestro trabajo para Cristo, como lo llamamos, debe ser primero la obra de Cristo, si va a ser acep- tado por El. Permanezcan en El para ser fructuosos.
Si, permanezcan en Él en cuanto a su propia vida. No digan, "yo he sido ya un cristiano durante veinte o treinta años, y puedo valerme sin necesidad de la continua dependencia de Cristo." No, no podrías valer- te sin El aunque fueras tan viejo como Matulasén. Tu mismo ser como cristiano depende de que te aferres siempre, confies siempre, dependas siempre; y esto El te lo tiene que dar, pues todo nos viene de Él, y úni- camente de El.
El Secreto del Poder de la Oración tra esperanza de salvación, sino descansar únicamente en Jesús, tal como lo recibimos la primera vez. Su Deidad, Su humanidad, Su vida, Su muerte, Su resurrección, Su gloria a la diestra del Padre, en una palabra, El sólo debe ser toda la confianza de nuestro corazón. Esto es absolutamente esencial. Una fe temporal no salva: se requiere una fe que permanece.
Pero permanecer en el Señor Jesús no sólo quiere decir confiar en El; incluye nuestra entrega a El para recibir Su vida, y dejar que esa vida obre sus resultados en nosotros. Vivimos en El, por El, para El, con El, cuando permanecemos en El. Sentimos que nuestra vida de separación ha desaparecido: porque "habéis muerto, y vuestra vida es- tá escondida con Cristo en Dios. Nosotros no somos nada si nos ale- jamos de Jesús; entonces nos volveríamos ramas secas, aptas única- mente para ser arrojadas al fuego.
Nosotros no tenemos ninguna razón para existir excepto la que en- contramos en Cristo; y cuán maravillosa es esa razón! La vid necesita de la rama tan categóricamente como la rama necesita de la vid. Nin- guna vid produjo fruto jamás en ninguna otra parte excepto en su ra- mas. Ciertamente produce todas las ramas, y a través de ellas produce el fruto; sin embargo, es a través de la rama que la vid despliega su fecundidad. De la misma manera los creyentes que permanecen en El son necesarios para el cumplimiento del propósito del Señor. Es algo. maravilloso cuando se expresa; ¡pero los santos son necesarios para su Salvador!
La iglesia es Su cuerpo; la plenitud de El que lo llena todo en todo. Quiero que reconozcan esto, que puedan ver su bendita responsabili- dad, su obligación práctica de dar fruto, para que el Señor Jesús pue- da ser glorificado en ustedes. Permanezcan en El. Nunca se aparten de su consagración a Su honor y gloria. Nunca sueñen con ser sus pro- pios señores. No sean siervos de los hombres, sino que permanezcan en Cristo. Que El sea el fin así como la fuente de su existencia. Oh, si llegan alli, y se detienen alli en comunión perpetua con su Señor, pronto se darán cuenta de un gozo, de un deleite, de un poder en la oración, tal como no los conocieron antes.
Hay momentos en los que estamos conscientes que estamos en Cristo, y sabemos de nuestra comunión con El; Y joh, cuánto gozo y paz bebemos de esta copa! Permanezcamos allí. "Permaneced en Mi, dice Jesús. No simplemente deben venir para luego irse, sino para permanecer. Que ese bendito hundimiento de ustedes en Su vida, el desgaste de todos sus poderes por Jesús, y la fe firme en la unión de ustedes con El, permanezcan en ustedes para siempre. ¡Oh, que po- damos alcanzar esto por el Espiritu Santo!"
Como para ayudarnos a entender esto, nuestro Señor, lleno de gra- cia, nos ha dado una parábola encantadora. Analicemos este mensaje de la vid y sus pámpanos. Jesús dice: "Todo aquel que lleva fruto, lo limpiará Pongan todo su interés en permanecer en Cristo cuando es- tán siendo limpiados. "Oh," dice alguien, "yo pensé que yo era un cris- tiano; pero, jay!, tengo más problemas que nunca: los hombres me ri- diculizan, el diablo me tienta, y mis negocios van mal." Hermano, si vas a tener poder en la oración debes esforzarte por permanecer en Cristo cuando el afilado cuchillo te esté cortando todo.
Soporta la prueba, y nunca sueñes en renunciar a tu fe por causa de ella. Di: "He aquí, aunque él me matare, en él esperaré. El Señor les advirtió cuando vinieron por primera vez a la vid, que debían ser limpiados y podados minuciosamente; y si ahora están sintiendo el proceso de limpieza, no deben pensar que algo extraño les ha ocurrido..
Resumiendo todo esto, si tú quieres ese espléndido poder de la ora- ción del que acabo de hablar, debes quedarte en una unión de amor, viva, duradera, consciente, práctica, y que permanece con el Señor Je sucristo; y si llegas a eso por la gracia divina, entonces pedirás lo que quieras y te será hecho., Pero hay una segunda condición mencionada en el texto, y no de- ben olvidarla: "Y mis palabras permanecen en vosotros. Entonces, jcuán importantes son las palabras de Cristo! El dijo en el versículo cuatro: "Permaneced en mi, y yo en vosotros," y ahora como algo para- lelo a esto, dice: "Si permaneceis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros. Pero entonces, ¿acaso las palabras de Cristo y la persona de Cristo son idénticas? Si, prácticamente así es. Algunos hablan acerca de Cristo como el Señor, pero en cuanto a la doctrina, a ellos no les importa lo que Su palabra declara. En tanto que sus corazones están bien en cuanto a Sú persona, ellos reclaman libertad de pensamiento. Ay, pero esto es un mero subterfugio. No podemos separar a Cristo de la Palabra; pues, en primer lugar, El es fa Palabra; y, en segundo lugar, ¿cómo nos atrevemos a llamarle Señor y Dios y no hacemos las cosas que El dice, y rechazamos la verdad que El enseña? Debemos obedecer Sus preceptos pues de lo contrario El no nos aceptará como Sus discípulos. Especialmente ese precepto de amor que es la esencia. de todas Sus palabras. Debemos amar a Dios y a nuestros hermanos; si, debemos abrigar amor para todos los hombres, y debemos buscar su bien.
La ira y la malicia deben estar muy lejos de nosotros. Debemos ca- minar de la misma manera que El camino. Si las palabras de Cristo no permanecen en ti, de igual manera en la fe como en la práctica, tú no estás en Cristo. Cristo y Su Evangelio y Sus mandamientos son uno. Si tú no tienes a Cristo ni a Sus palabras, tampoco El te tendrá a ti ni a tus palabras; sino que tú pedirás en vano, y muy pronto dejarás de pedir, y te convertirás en una rama marchita. Amados hermanos, yo estoy persuadido de mejores cosas para ustedes, de cosas que acom- pañan la salvación, aunque tenga que hablar de esta manera
¡Oh, que la gracia fluyera a través de estas puertas dobles, estas puertas de oro! Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros. Empujen ambas hojas de la puerta y entren en este amplio salón: "pedid todo lo que queréis, y os será hecho."
III. Mi último trabajo es tratar de demostrar POR QUÉ ESTE PRIVI- LEGIO SE DEBE OBTENER DE ESTA MANERA. Este extraordinario poder de la oración, ¿por qué es dado a quienes permanecen en Cris- to? ¡Que lo que tengo que decir les anime a realizar el glorioso intento de ganar esta perla de gran precio! ¿Por qué es que, permaneciendo nosotros en Cristo y Sus palabras en nosotros, alcanzamos esta liber- tad y prevalecemos en la oración?
Yo respondo, primero, a causa de la plenitud de Cristo. Pueden muy bien pedir lo que quieran cuando permanecen en Cristo, porque cual- quier cosa que ustedes requieran ya está alojada en El. El buen obispo. Hall desarrolló su pensamiento en un famoso pasaje. Les comentaré lo esencial de ese pasaje.
¿Desean la gracia del Espíritu? Vayan a la unción de su Señor. ¿Buscan la santidad? Sigan Su ejemplo. ¿Desean el perdón del peca- do? Miren Su sangre. ¿Necesitan mortificar al pecado? Miren Su cruci- fixión. ¿Necesitan ser enterrados en relación al mundo? Vayan a Su tumba. ¿Quieren sentir la plenitud de una vida celestial? Contemplen Su resurrección. ¿Quieren elevarse por encima del mundo? Reflexio- nen en Su ascensión. ¿Quieren contemplar cosas celestiales? Recuer-