Sermin #2002
Volume 34 Ser#2002
Palpito del Tabernieslo Metropolitano
EL SECRETO DEL PODER DE LA ORACIÓN
UN SERMON PREDICADO EL DOMINGO 8 DE ENERO DE 1888, POR CHARLES HADDON SPURGEON EN EL TABERNACULO METROPOLITANO, NEWINGTON, LONDRES. "Si permanecels en mi, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." Juan 15:7.
Los dones de la gracia no son gozados por los creyentes, todos de una vez. Al venir a Cristo, somos salvados mediante una verdadera unión con El; pero es por permanecer en esa unión que recibimos ma- yor pureza, gozo, poder, y bendición, los cuales están depositados en El para Su pueblo.
Miren cómo nuestro Señor expresa esto cuando habla a los creyen- tes judíos en el capitulo octavo de este Evangelio, en los versiculos treinta y uno y treinta y dos: "Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres."
Nosotros no conocemos la verdad de una vez: la aprendemos per- maneciendo en Jesús. La perseverancia en la gracia es un proceso educacional por medio del cual aprendemos enteramente la verdad. El poder emancipador de esa verdad es también percibido y gozado gra- dualmente. "La verdad os hará libres." Las cadenas se rompen unas tras otras, y somos verdaderamente libres.
Ustedes jóvenes principiantes en la vida divina pueden animarse al saber que hay algo todavía mejor para ustedes: ustedes no han recibi- do aún la plena recompensa de su fe. El himno lo expresa así: "Lo que viene es mejor que lo anterior." Tendrán perspectivas más felices de las cosas celestiales conforme suban la colina de la experiencia espiri- tual. En la medida en que permanezcan en Cristo tendrán una con- fianza más firme, un gozo más rico, una mayor estabilidad, más co- munión con Jesús, y un deleite mayor en el Señor su Dios. La infancia está asediada por muchos males de los que la edad adulta está exenta: sucede lo mismo en el mundo espiritual que en el mundo natural.
Existen estos grados de logro entre los creyentes, y el Salvador aquí nos alienta a alcanzar una elevada posición mediante la mención de un cierto privilegio que no es para todos los que dicen que están en Cristo, sino únicamente para aquellos que residen en El. Cada creyen- te debe ser un residente, pero muchas personas dificilmente han ga- nado ese nombre todavia. Jesús dice, "Si permanecéis en mi, y mis pa- labras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Deben vivir con Cristo para conocerlo, y entre más vivan con El, más lo admirarán y lo adorarán; sí, y más recibirán de El, gracia por gracia.
Ciertamente El es un Cristo bendito para alguien que tiene un mes de edad en la gracia; ¡pero estos bebés dificilmente pueden discernir cuán precioso es Jesús para aquellos cuyo conocimiento de Él se ex- tiende por unos cincuenta años! Jesús, en la estima de los creyentes que permanecen en El, se vuelve más dulce y más amado, más hermo- so y más atractivo día a día. No que El mejore en Sí mismo, pues Él es
El Secreto del Poder de la Oració nera brotan de las almas que permanecen en Jesús, los capullos de la oración y las flores y los frutos.
Así como brillan las estrellas, así oran los que permanecen en Je- sús. Es su hábito y su segunda naturaleza. Ellos no se dicen a sí mismos, "ahora es el momento de que nos pongamos a trabajar y ore- mos." No, ellos oran de la misma manera que los sabios comen, es de- cir, cuando les viene el deseo de orar. Ellos no claman como si estuvie- ran bajo servidumbre, "en este momento debo orar, pero no me siento con ánimos de hacerlo. ¡Qué aburrido que es orar! Más bien ellos tie- nen una agradable misión en el propiciatorio, y están felices porque se dirigen hacia allá.
Los corazones que permanecen en Cristo exhalan súplicas de la misma manera que el fuego despide llamas y chispas. Las almas que permanecen en Jesús inician el día con oraciones; la oración los rodea como una atmósfera durante todo el día; en la noche se duermen orando. He conocido a algunos que sueñan una oración,, y, que, de cualquier forma, son capaces de decir gozosamente, "Despierto, y aún estoy contigo. La petición habitual brota del permanecer en Cristo. No necesitarán que los inciten a la oración cuando permanecen en Jesús: El dice: "Pedid; y pueden estar seguros que lo harán.
También sentirán de manera muy poderosa la necesidad de orar. La gran necesidad de orar que tienen ustedes se percibirá de manera vi- vida. ¿Acaso escucho que ustedes dicen: "¡Cómo! Cuando permanece mos en Cristo, y Sus palabras permanecen en nosotros, no hemos lle- gado todavía? Más bien, estamos lejos de estar satisfechos con noso- tros mismos; es entonces cuando sentimos más que nunca que debe- mos pedir mayor gracia. El que mejor conoce a Cristo, conoce mejor sus propias necesidades. El que tiene mayor conciencia de la vida en Cristo, está también más convencido de su propia muerte aparte de Cristo.
El que discierne de manera más clara el carácter perfecto de Jesús, pedirá con más urgencia mayor gracia para crecer en semejanza con El. Entre más me preocupo por estar en mi Señor, más deseo obtener de El, pues yo sé que todo lo que está en El está puesto allí a propósito para que yo pueda recibirlo. "Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia." Es en la medida que estamos vinculados a la ple- nitud de Cristo que sentimos la necesidad de extraer más de esa pleni- tud, mediante la oración constante.
Nadie necesita demostrar la doctrina de la oración a quien perma- nece en Cristo, pues nosotros nos gozamos en ella misma. La oración es ahora una necesidad para nuestra vida espiritual, de la misma ma- nera que el respirar lo es para nuestra vida natural: no podemos vivir sin pedirle favores al Señor, "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid": y no podrán cesar de pedir. El ha di- cho, "Buscad mi rostro, y el corazón de ustedes responderá, "Tu ros- tro buscaré, oh Jehová."
Observen a continuación, que el fruto de nuestra permanencia no es solamente la práctica de la oración y un sentido de la necesidad de la oración, sino que incluye libertad en la oración "Pedid todo lo que queréis. No han estado de rodillas algunas veces, sin ningún poder para orar? ¿No han sentido que no podian suplicar como lo hubieran deseado? Querían orar, pero las aguas estaban congeladas, y no flui- an. Ustedes dijeron con mucha tristeza: "estoy encerrado y no puedo salir. La voluntad estaba presente, pero no la libertad de presentar esa voluntad en oración.
tros!
Ser#2002 perfecto; pero en la medida en que crecemos en nuestro conocimiento de El, apreciamos de manera más profunda Sus excelencias incompa- rables. De qué manera tan ardiente exclaman Sus viejas amistades: "Todo él codiciable"! ¡Oh, que podamos crecer a semejanza de El, que es nuestra cabeza, en todas las cosas, para que así podamos valorarlo más y más!
Les pido su sincera atención a nuestro texto, rogándoles que consi- deren conmigo tres preguntas. Primero, ¿cuál es esta bendición espe- cial? "Pedid todo lo que queréis, y os serà hecho." En segundo lugar, ¿cómo se obtiene esta bendición especial? "Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros. Luego en tercer lugar, ¿por qué se obtiene de esta manera? Debe haber una razón para que estas condi- ciones se establezcan como necesarias para poder obtener el poder prometido en la oración. ¡Oh, que la unción del Espíritu Santo que habita en nosotros convierta este tema en algo beneficioso para noso-
I. ¿CUÁL ES ESTA BENDICIÓN ESPECIAL? Leamos nuevamente el versículo. Jesús dice: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permane- cen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho."
Observen que nuestro Señor nos habia, estado advirtiendo que, aparte de El, no podemos hacer nada, y, por lo tanto, podríamos haber esperado naturalmente que nos enseñaría cómo podemos hacer todos nuestros actos espirituales. Pero el texto no dice lo que nosotros hubiéramos esperado que dijera. Jesús no dice: "Sin mí, ustedes no pueden hacer nada, pero si permanecen en mi, y mis palabras perma- necen en ustedes, podrán hacer todas las cosas espirituales y las co- sas llenas de gracia."
El no habla aquí de lo que ellos estarán capacitados para llevar a cabo, sino más bien de lo que será realizado en ellos: "y os será hecho. El no dice: "Les será dada la suficiente fortaleza para todas aquellas acciones santas que ustedes son incapaces de realizar sin Mi. Eso hubiera sido verdaderamente cierto, y es la verdad que bus cábamos aqui; pero nuestro sapientisimo Señor sobrepasa todos los paralelismos del lenguaje, y sobrepasa todas las esperanzas del cora- zón, y dice algo todavía mejor. El no dice: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, harán cosas espirituales"; sino que dice, "pedid." Mediante la oración ustedes serán capacitados para hacer; pero antes de cualquier intento de hacer, "pedid." El privilegio especial aquí otorgado es una poderosa vida de oración que puede pre- valecer. El poder de la oración es en mucho el indicador de nuestra condición espiritual; y cuando recibimos ese poder en un alto grado, somos favorecidos en relación a todo lo demás.
Entonces, uno de los primeros resultados de nuestra permanente unión con Cristo será la práctica constante de la oración: "Pedid." Si otros no buscan, ni llaman, ni piden, ustedes al menos si deben hacer- lo. Los que permanecen alejados de Jesús no oran. Aquellos en quie- nes la comunión con Cristo está suspendida, sienten como si no pu- dieran orar; pero Jesús dice: "Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid." La oración brota espontánea en aque- flos que permanecen en Jesús, de la misma manera que ciertos árbo- les orientales, sin presión alguna, derraman sus fragarites gomas.
La oración es la emanación natural de un alma en comunión con Jesús. De la misma manera que la hoja y el fruto brotan de la rama de la vid, sin ningún esfuerzo consciente de parte de la rama, sino sim- plemente a consecuencia de su unión viva con el tronco, de igual ma-
Entonces, ¿deseas tú libertad en la oración, de tal forma que pue das hablar con Dios como un hombre habla con su amigo? Este es el camino para llegar a eso: "Si permanecéis en mi, y mis palabras per- manecen en vosotros, pedid todo lo que queréis. No quiero decir que ustedes ganarán la libertad representada en la simple fluidez de ex- presión, pues ese es un don muy inferior. La fluidez es un don cues- tionable, especialmente si no viene acompañada de peso de pensa- miento y profundidad de sentimiento.
Algunos hermanos oran por metro; pero la verdadera oración es medida por peso, y no por longitud. Un simple gemido ante Dios puede contener mayor plenitud de oración que un fino discurso de gran lon- gitud. Quien habita con Dios en Cristo Jesús, ese es el hombre cuyos pasos son ampliados en intercesión. Viene lleno de valor porque él per- manece en el trono. Ve el cetro de oro extendido, y escucha al Rey cuando dice: "pedid todo lo que queréis, y os será hecho."
El hombre que permanece en unión consciente con su Señor tiene libertad de acceso en la oración. Muy bien puede venir a Cristo en cualquier momento, pues él está en Cristo y permanece en El. No in- tenten asir esta santa libertad por excitación o por presunción: no hay sino un camino para ganarla realmente, y es este: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que que- réis. Por este medio únicamente estarán en capacidad de abrir la boca con amplitud para que pueda ser llenada por Dios. Así se convertirán en Israel, y como principes tendrán poder con Dios.
Y esto no es todo: el hombre favorecido tiene el privilegio de una oración exitosa. "Pedid todo lo que queréis, y os será hecho." Ustedes no pueden hacerlo, pero les será hecho. Anhelan dar fruto: pedid, y os será hecho. Miren a la rama de la vid. Simplemente permanece en la vid, y al permanecer en la vid brota el fruto; le es hecho.
Hermano en Cristo, el sentido de tu ser, su único objetivo y desig- nio, es dar fruto para la gloria del Padre: para alcanzar este fin debes permanecer en Cristo, de la misma manera que la rama permanece en fa vid. Este es el método mediante el cual tu oración, para ser fructife ra será exitosa, y os será hecho." Concerniente a este punto, "pedid todo lo que queréis, y os será hecho." Ustedes podrán prevalecer ma- ravillosamente ante Dios en oración, de manera que antes que ustedes llamen El responderá, y mientras ustedes todavia estén hablando El escuchará
"A los justos les será dado lo que desean." Otro texto expresa lo mismo: "Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Hay un gran aliento en este texto, "Pedid todo lo que queréis, y os será hecho. El Señor da al que permanece en El carta blanca (carte blanche). El pone en Su mano un cheque firmado, y le permite que lo llene con la cantidad que quiera.
¿Acaso el texto quiere decir lo que dice? Yo nunca he sabido que mi Señor diga algo que no quiso decir. Yo estoy seguro que algunas veces El puede decir más de lo que nosotros entendemos, pero nunca quiere decir menos. Fijense bien, El no dice a todos los hombres: "Yo les daré cualquier cosa que pidan." Oh, no, esa sería una amabilidad poco amable: pero El habla a Sus discípulos, y dice: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." Es a una cierta categoría de hombres que ya han reci bido una gran gracia de Sus manos, es a ellos a quienes entrega este maravilloso poder de la oración.
Oh, mis queridos amigos, si yo puedo ambicionar sinceramente una cosa por sobre todas las demás, es ésta: que yo pudiera pedir al Señor