"Historias que quedan" - Revista Institucional de la EESO 699 - Octubre, 2026, Villa Ocampo, Santa Fe.
OPINIÓN
Uno de los mayores desafíos frente al acoso es vencer la indiferencia. La agresión persiste no solo por quien la ejecuta, sino por quienes la toleran con risas o pasividad. En su ensayo, Lourdes Montiel interpela directamente el rol de los testigos: “No es necesario ser quien agrede para formar parte del problema: reírse, compartir una burla o permanecer en silencio también puede hacer que la situación continúe (…) ser espectador también implica elegir cómo actuar (…) Por eso, ‘No seas parte del silencio’ es mucho más que el nombre de nuestro corto audiovisual. Es un mensaje que nos invita a no ser indiferentes, a actuar con empatía y a construir vínculos basados en el respeto y la solidaridad”.
Esa decisión de involucrarse se evidenció durante la filmación de las producciones escolares, donde el compromiso grupal modificó las actitudes individuales. Cristofer Núñez relata cómo la experiencia práctica lo llevó a dar un paso al frente: “Mi rol al principio fue secundario, ya que observaba la situación desde lejos, pero al ver el daño hacia el acosado terminé teniendo un rol especial, porque en el armado espontáneo y grupal de la escena terminé abrazándolo e integrándolo al grupo”.
Asimismo, el trabajo conjunto y la experimentación con nuevas tecnologías demostraron que la creatividad juvenil puede ponerse al servicio de la sensibilización comunitaria. Tal como expresa Maximiliano Balenzuela: “Aprendí que no debemos ser indiferentes ante estas situaciones y que, mediante el trabajo en equipo y el uso de nuevas herramientas como la IA, podemos crear mensajes que ayuden a generar conciencia (…) Entender que hablar, escuchar y acompañar a quienes sufren bullying puede ser un primer paso para lograr un cambio positivo”.
El aprendizaje cobró un sentido aún más hondo cuando el aula recibió relatos reales en primera persona. La visita de Gianluca Bertello y el testimonio de vida de Matías Peralta Proske mostraron el dolor que arrastra quien sufre hostigamiento o violencia, pero también la capacidad de salir adelante cuando hay apoyo y escucha. En palabras de Damián Romero: “Filmar una ficción sobre el acoso escolar nos hizo mirarnos y a la vez posicionarnos en el lugar del otro. Considero que hay que mirar y ayudar tanto a la víctima como al agresor, y reconocer que quien ejerce la violencia muchas veces también transita su propio malestar (…) En Observatorio de Experiencias Comunicacionales pudimos poner en palabras y en imágenes lo que duele, y convertir el espacio en un refugio de contención, escucha y reparación”.
Esa capacidad de conmoverse ante lo que atraviesa el otro fue remarcada por Caterina Robledo, al reflexionar sobre el peso que cargan quienes callan su padecimiento: “Su testimonio me permitió reconectar con la empatía, especialmente hacia quienes padecen esta problemática a diario y no logran contarlo. Me llevó a reflexionar sobre el esfuerzo que implica para estas personas continuar asistiendo a la escuela sabiendo que volverán a enfrentarse a esa situación (…) Nuestros trabajos nos conducen a un proceso de reflexión y sanación, a partir de nuestras propias vivencias”.