Características y principios del modelo clínico
Atención individualizada: La intervención se centra en la persona y en las circunstancias particulares que experimenta.
Relación de ayuda: Se establece un vínculo profesional que favorece la confianza y la libre expresión de sentimientos.
Importancia de las emociones: Se presta atención a las experiencias emocionales, además de los pensamientos y las interpretaciones de la situación.
Participación activa: La persona orientada participa en la comprensión de sus dificultades y en la elección de posibles cambios.
Respeto a las decisiones personales: El orientador acompaña el proceso sin imponer qué debe pensar o qué camino debe seguir la persona.
Desarrollo de la autonomía: Se pretende que la persona fortalezca su autoconcepto, autoaceptación y autoestima, y dependa cada vez menos de la ayuda recibida.