BIODIVERSIDAD QUE GENERA OPORTUNIDADES
En Costa Rica, la cría de mariposas demuestra cómo una actividad vinculada con la naturaleza puede generar ingresos para las comunidades rurales y abrir puertas al comercio internacional.
Detrás de las pupas de mariposa que llegan a los mercados internacionales existe una red de familias y pequeños productores que han encontrado en su crianza una alternativa económica.
Desde la década de 1980, Costa Rica ha desarrollado una actividad especializada que combina conocimientos biológicos, trabajo rural y comercialización internacional. Los criaderos permiten producir pupas bajo condiciones controladas y abastecer a empresas que las distribuyen a mariposarios y centros de exhibición en otros países.
Un ejemplo es Costa Rica Entomological Supply (CRES), empresa que inició operaciones en 1984 y que, según su balance de 2025, trabajaba con una red de 86 criadores distribuidos en 36 comunidades del país.
Una actividad que transforma comunidades
La producción de pupas también ha impulsado iniciativas de emprendimiento familiar.
En 2021, tres familias de Guadalupe de Puerto Jiménez, en la provincia de Puntarenas, desarrollaron un proyecto de cría de mariposas con apoyo del Instituto de Desarrollo Rural (Inder) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).
El proyecto reportó ventas aproximadas de 150 pupas semanales a un comprador que las destinaba a mercados internacionales, incluidos Alemania y otros países europeos.
Este caso demuestra que la exportación de pupas puede representar una oportunidad productiva para comunidades rurales, incluso mediante proyectos de pequeña escala.