El nombre de este platillo responde a un principio físico y culinario muy específico. No se trata de una sopa convencional con agua añadida, sino de una técnica de cocción hermética al vapor donde el pescado libera su propia humedad, gelatina y jugos naturales; es decir, la carne se cocina literalmente en su propio "sudor" junto al líquido que sueltan las verduras frescas. A diferencia de las variantes del centro del país que recurren al vino blanco o al vinagre para dar acidez, el rasgo distintivo del norte peruano es el uso exclusivo de chicha de jora. Esta bebida ancestral de maíz fermentado aporta una nota ácida, profunda y ligeramente dulce que neutraliza el bravío del mar y realza los aromas del ají amarillo y el ajo. En las caletas de Piura, Tumbes y Lambayeque la elección de la especie marina es fundamental. Se prefieren peces de roca y carne firme como la cabrilla, el mero, el tramboyo o el peje blanco, cuyas carnes soportan el calor del vapor sin deshacerse y cuyas espinas aportan un colágeno espeso al caldo final. Dentro de la tradición popular costera, a este plato se le confieren propiedades reconstituyentes y energéticas, popularmente llamadas “levanta muertos”. Esto se debe a la alta concentración de fósforo, minerales y proteínas emulsionadas solubles en el que fondo quedan espeso, convirtiéndolo en un reconstituyente clásico para jornadas pesadas. Para iniciar la preparación, se limpian cortes o presas enteras de pescado fresco, preferentemente cabrilla o mero, sazonándolos con sal, un toque de pimienta y comino. En una olla de barro o sartén honda con aceite caliente, se sofríe a fuego medio pasta de ají amarillo y ajo molido hasta que desprendan sus aromas y el aceite se tiña de color dorado. Enseguida se forma un colchón aromático distribuyendo la mitad de una cebolla roja y tomates cortados en gajos gruesos sobre el aderezo.
Sobre esta cama vegetal se asientan las piezas de pescado sazonadas, cubriéndolas de inmediato con el resto de la cebolla, el tomate restante y tiras de ají amarillo fresco sin venas. El toque maestro se logra vertiendo media taza de chicha de jora alrededor de los ingredientes y tapando la olla de