Chile tiene una pena
Estoy molesta, compañerxs. Escribo porque estoy molesta. También escribo cuando estoy feliz, pero esta vez estoy molesta. ¿Y cómo no estarlo? Si vivimos en un país donde reina la injusticia y el villano gobierna. A veces siento que tengo tanto por decir pero cuando intento hablar no puedo. La rabia que me produce la injusticia me llega hasta los tuétanos.
La compañera Fabiola Campillai fue agredida por un ex capitán de carabineros (en adelante paco) de nombre Patricio Maturana, el 26 de noviembre de 2019, en el contexto del estallido social. Esa tarde, Campillai se dirigía a su trabajo desde San Bernardo, cuando el paco Maturana le lanzó una bomba lacrimógena directamente al rostro. La compañera perdió la vista, el gusto y el olfato. Al paco se le condenó a 12 años y 183 días, y se abonó a su condena el tiempo que “cumplió” estando en la comodidad de su casa.
El pasado 17 de octubre leí la noticia de que le fue aprobado el beneficio de libertad condicional, que estará vigente el 2 de diciembre, cuando el paco cumpla “el tiempo mínimo exigido”. ¿Acaso 3 años es un tiempo mínimo para dejar en libertad a un sanguinario que ha negado firmemente haber violado los derechos humanos en el estallido? Me revuelve la vida, no el estómago. Qué forma de castigar a quienes han sido víctimas del estado. ¿De qué forma nos sentimos segurxs si las fuerzas armadas y policiales son los yanaconas de la actualidad? Traicionerxs de la patria y del pueblo.
Asqueada me siento, compañerxs, me repugna la poca conciencia, consecuencia y empatía tanto de quienes nos gobiernan y nos reprimen como de nuestro propio pueblo. Me impresiona los disparates que puede llegar a decir una persona con tal de ser despojada del pueblo e “incluirse” a los más acomodados. Aborrezco el odio sin sentido que se le tiene a la izquierda chilena y a quienes empatizamos con ella. Mi corazón está bien a la izquierda, compañerxs, y no hablo solo de la anatomía.
Me queda un atisbo de esperanza. La esperanza siempre está puesta en el pueblo, somos quienes llevamos a cabo los movimientos sociales capaces de cambiar una estructura rígida. Pero esto no se da solo, no es cuestión del azar. Tenemos que ser capaces de salir de lo individual, de lo que nos tiene dormidxs, “paveando”. Es necesario incrementar la reflexión, el compañerismo, el debate y el pensamiento crítico. Unámonos y salgamos a las calles, compañerxs. Debe haber alguna forma de hacerle frente al villano.
Hay algunos que se hinchan con gran esmero
Sirviendo la codicia del extranjero
Y otros que se solazan por mil dinares