Nunca pensé que una tarea universitaria me haría hablar con mi papá de bodas, releer fotos de niña y darme cuenta de cuántas personas han sostenido mi camino sin que yo se los dijera suficientes veces. Este proyecto de vida es exactamente eso: un ejercicio que empezó como obligación y terminó siendo uno de los regalos más bonitos que me he dado. Lo escribí con el alma, hablando de familia, de fe, de metas y también de debilidades que todavía me cuestan. Si algo deseo al compartirlo es que quien lo lea se anime a hacerse las mismas preguntas, porque recordar de dónde eres es siempre el mejor punto de partida para saber a dónde quieres llegar.
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