El espejo roto de la sociedad
De la ilusión romántica a la sobriedad del 98
Para entender cómo cambia la literatura y la lengua, primero hay que mirar el contexto. Durante el siglo XIX, el Romanticismo había llenado las páginas de pasiones desbordadas y de mundos idealizados. Sin embargo la sociedad española necesitaba poner los pies sobre la tierra. Así nace el Realismo, un movimiento literario que funciona como un espejo crítico: retratando las miserias de la burguesía, la hipocresía social y la vida cotidiana con una prosa directa y municiosa.
Pero el verdadero punto de quiebre ocurre en 1898. Con la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), España sufre un colapso moral e identitario. Ante la decadencia de la nación surge la Generación del 98 (intelectuales como Miguel de Unamuno, Pío Baroja y Antonio Machado). Su revolución no fue solo política, sino profundamente linguistica y filosófica: rechazaron la retórica pomposa y buscaron en las palabras sencillas, en el paisaje castellano y en la intrahistorias la verdadera esencia de un país que necesitaba reinventarse desde sus cimientos.