Que celosa la forma en que te desnudas, como quien busca cómo rascarse el interior. Y en velo de luna, me muestras los dientes cual perro azarado; son infinitas las formas para verte. Tengo el presentimiento de la muerte roerte la espalda, así, suavecito; como los suspiros lejanos que dejaste en la almohada. Solo tengo preguntas, infinitas, finitas, como todas aquellas que nunca brotan. Las que interpelan el aire con olor a hierbabuena y a un espeso aroma a vejez. Cobardemente te quitas las prendas, con una timidez que da risa –¿qué te aterra de ti?, ¿acaso la rapidez para desnudarse o la volatilidad para morder? –. Eres presa de todo lo que amas, lo que es deliberadamente triste.